Antesala de la muerte
El dramático caso de la empresaria Poulett Morales es apenas la punta del iceberg de una problemática que aqueja al sistema penitenciario nacional, sin que las autoridades hayan hecho algo para mejorarlo.
Se trata de las condiciones de salud de personas detenidas preventivamente o ya condenadas, quienes languidecen en las cárceles del país sin recibir la atención médica requerida.
Son frecuentes los fallecimientos de enfermos terminales de sida o cáncer, pero también se dan decesos a causa de enfermedades crónicas, hecho que constituye una violación a la dignidad y los derechos humanos.
Es importante que la sociedad esté clara que el condenado por sentencia en firme y ejecutoriada es el que paga por un delito cometido, el pago que da a la sociedad es la privación de su libertad por un número determinado de años.
No por estar condenado, el reo deja de ser persona, ya que, en teoría, la pena tiene también una función resocializadora.
Pero en Panamá, la cárcel es apenas una mínima parte de la deshumanización del detenido, ya que además de ella, viene aparejada la lenta muerte por falta de atención médica a los enfermos y por la incapacidad de garantizarle la vida y la seguridad al preso.
El gobierno de Juan Carlos Varela podría enfrentar fácilmente demandas internacionales ante organismos de derechos humanos por la forma en que el Estado trata a sus presos y por dejarlos morir.
La ley es clara cuando dice que el detenido preventivamente debe estar separado del reo condenado, pero en Panamá, el sistema carcelario es un relajo tenebroso porque es la antesala de la muerte.
