Atrapados en nuestro gran hermano
La novela 1984, una de las grandes obras de George Orwell, se encuentra entre los libros más vendidos de 2016, y el número de ventas no para de crecer. La novela presenta un mundo distópico con el que el autor pretendía criticar los movimientos totalitarios del siglo XX. Muchos piensan que el interés por esta historia se debe al ascenso de sistemas que podrían devolver a nuestro mundo a una era oscura, digna de la obra de Orwell.
Muchos analistas políticos han encontrado paralelismos entre 1984 y la sociedad actual, lo que han definido como sociedad orwelliana. Una sociedad en la que la población acepta, a regañadientes, la vigilancia masiva, la manipulación de la información y la represión. “El libro es un grito de alarma, una llamada de atención, una denuncia”, nos advirtió Umberto Eco en el prólogo de una de las últimas ediciones. El mundo no escuchó la advertencia de Orwell o la olvidó demasiado pronto. Orwell creó el personaje del Gran hermano, la cima de la pirámide de este sistema, que controla todo lo que sucede en la sociedad a través de una estructura de vigilancia con cámaras.
Esta distopía (lo contrario a utopía) ha conseguido salir de las páginas de los libros para introducirse en nuestros “smartphones” y televisores. No necesitamos presión política para exponer nuestra vida, facilitamos a los Gobiernos y a otros sistemas de presión miles de datos sobre nuestra vida privada de forma voluntaria. El ciudadano se ha convertido en su propio vigilante crítico. Los usuarios de las redes sociales se convierten en jueces que determinan lo que es correcto y lo que no, lo que una persona puede decir sin miedo a los ataques y las críticas.
Hemos perdido la fe en los sistemas liberales y aquellos que apuestan por el miedo y la violencia se han aprovechado. Los partidos de extrema derecha ganan fuerza en Europa, en países como Italia o Francia; en algunos como Polonia ya se han impuesto. La idea de que un personaje como Donald Trump, que defienda la masacre y el racismo, tenga tanto poder parece sacada de algunas de las mejores novelas sobre distopías.
Los noticieros están llenos de figuras que claman por la “guerra contra el terror”, lo que no es más que una excusa para suprimir libertades y violar derechos humanos. Trump, el líder de lo que un día fue el mundo libre, defiende la xenofobia, la tortura y la intolerancia. Ideas que muestran la cara más cruel del ser humano y creíamos haber atrapado en las páginas de una novela.