Opinión - 25/4/15 - 12:00 AM

Barrio seguro

El programa Barrios Seguros con el que el gobierno busca disminuir los índices de delincuencia en el país no es la panacea a pesar de lo que pregonan apologistas del actual régimen, quienes justifican equivocadamente el descenso del número de homicidios en dicho programa.

Los fundamentos y objetivos del programa son nobles: librar a la comunidad de la delincuencia que amenaza las raíces mismas de la convivencia social.

Este programa surgió con la finalidad de captar a los jóvenes que a través de líderes comunitarios y jefes de pandillas permiten la entrada o no a los barrios. Luego de su captación y entrega de armas, son orientados, capacitados y mensualmente reciben un bono de 200 dólares.

Sin embargo, los delincuentes han desertado del programa ya que no ven rentable, que les paguen $200 cuando ellos a través del delito consiguen más que eso, además, tampoco se le está garantizando puestos de trabajos estables al finalizar sus capacitaciones.

Otro elemento es que la guerra entre pandillas no cesa y muchas veces bandas rivales se encuentran en el programa y desatan actos de violencia, como lo ocurrido esta semana en San Miguelito.

El descenso en el número de homicidios era algo que había vaticinado el anterior Ministro de Seguridad, José Raúl Mulino y así consta en los informes que se le entregó a su sucesor en la fase de transición.

Sin embargo, en 5 de los 6 primeros meses del nuevo gobierno esa meta no se cumplió y ahora se retomó el ritmo y el número de asesinatos es hacia el descenso.

No hay que obviar que marzo de 2014 fue uno de los meses más sangrientos de las últimas décadas y este año retormó a su comportamiento tradicional. Tampoco hay que olvidar que entre marzo y abril -por los preparattivos de la Cumbre- coincidieron aquí diversos cuerpos de seguridad del país que de una u otra forma contribuyeron a la vigilancia local.

Barrios Seguros, no es malo, pero tampoco es el antídoto a un problema social, que se verá complicado con la falta de empleo que puede generar una economía en evidente descenso.

Criminólogos y expertos en la temática sugieren que estos programas deben ir de la mano con acciones de prevención, capacitación y de resocialización en los centros penitenciarios, que son el semillero real de la conducta delictiva.