Opinión - 06/2/15 - 12:00 AM

Batido

Por: Milcíades Ortiz / Catedrático -

E l famoso Cholito del viejo café de Santa Ana miró con furia el objeto de su disgusto. Era un enorme vaso que contenía un batido energético, el cual debía reemplazar su acostumbrado arroz con poroto y sopa de hueso. Tenía que tomarse ese líquido de colores porque de lo contrario, tendría un disgusto con su señora. Resulta que su pareja había leído en una revista del “Panamá América”, que era muy saludable beber un batido de remolacha, espinaca, guineo, papaya y piña, en lugar de esas comidas llenas de grasa y harina, que engordan a las personas. A pesar de que el mesero se la pasaba todo el día atendiendo a los clientes, ya los años y el arroz se le notaban en la panza. Cuando me vio llegar al conocido restaurante, empujó a una joven mesera para atenderme solamente él. Me mostró el batido y preguntó: “¿Ud. cree que una persona como yo deba comer esto?”. Le dije que sí, porque esas mezclas son nutritivas y ayudan a que el cuerpo funcione mejor. Para convencerlo, le pedí que mirara a los clientes de la mesa bochinchosa.

Todos los politiqueros tenían sobrepeso porque entre chisme y chisme hartaban cantidad de alimentos que engordaban. Agregué que había leído que ahora los panameños en lugar de sufrir de desnutrición tenían sobrepeso, lo que les afecta la salud. Me fui por el “túnel del tiempo” y recordé que el doctor Cutberto Parillón, director de Nutrición del Minsa, me expresó en los años 70 que muchos niños panameños estaban mal alimentados. En las comarcas y en los pueblos pobres, de 10 chiquillos hasta 7 necesitaban comer mejor. Recordé numerosas campañas que se hicieron para que los panameños comiéramos vegetales y frutas. En mi mente apareció la cara de un campesino que enojado decía que no era conejo para comer lechuga y tomate. Para él lo que le daba salud era la yuca, ñame, arroz y carne. Seguí tratando de meterle esto en la cabeza al mesero comelón. Le informé que en la vida moderna la gente no hace suficiente ejercicio y por eso se pone gorda.

Saliéndome de este pequeño país agregué que este fenómeno ocurre en muchos otros lugares, y por eso hay gente que se muere a temprana edad. Abriendo los ojos asustado, el bellaco mesero santanero dijo: “¡Ajóóó!, señor periodista, no me tenía que asustar tanto para convencerme de tomar el batido”.