Boleta de protección que mata
Impávida, nuestra sociedad es nuevamente informada cómo, inmisericordemente, ha vuelto a ser arrancada de su seno otra esposa, madre, hija, hermana, amiga o, tristemente, otra mujer, por otro cobarde, que por cuestión de género hay que llamar hombre. Sorprendentemente, esta nueva víctima también portaba una boleta de protección, cuya ineficacia ya ha sido demostrada con creces, así como ineficaces han sido las normas que la crearon, pues su finalidad dista mucho de cumplirse. No interesa cuáles sean las estadísticas o porcentajes de femicidios que se cometan, ni las causas que los provocaron. Una sola mujer que sea asesinada, bajo cualquier circunstancia, da al traste con cualquier programa o política para dizque protegerla, sobre todo, si su victimario fue quien una vez compartió con ella su lecho. Suficiente tiempo ha transcurrido como para evaluar y ver si existe algún vestigio positivo, desde que entró en vigencia la Ley 82 del 24 de octubre de 2013 que, entre otras cosas, tipifica el femicidio y la violencia contra la mujer, y tiene por objeto garantizar el derecho de las mujeres de cualquier edad a una vida libre de violencia, proteger los derechos de las mujeres víctimas de violencia en un contexto de relaciones desiguales de poder, así como prevenir y sancionar todas las formas de violencia en contra de las mujeres, en cumplimiento de las obligaciones contraídas por el Estado. La implementación óptima de las innovadoras figuras contempladas en esta ley requiere de tiempo, presupuesto y, sobre todo, voluntad y verdadera disposición de las instituciones y autoridades responsables de su ejecución. Mientras tanto, las páginas internas de nuestros tabloides se siguen tiñendo de sangre de féminas, víctimas de la violencia intrafamiliar, pues este hecho que una vez era titular de primera plana, poco a poco se ha convertido en una noticia más.
Urge, al término de la distancia, un alto a la burocracia para que, hasta tanto se perfeccione la implementación de la citada Ley 82, se tomen medidas más efectivas y ajustadas a la realidad para evitar más víctimas inocentes de este flagelo social. Las mal llamadas boletas de protección o de alejamiento no protegen ni alejan a nadie, sino que se convierten en la antesala de un femicidio. Es hora de hacer ajustes y de poner en práctica acciones más enérgicas y realmente efectivas, que en verdad prevengan y eviten que otra mujer se convierta en una nueva ocupante de la morgue judicial.
