Opinión - 25/11/16 - 12:00 AM

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Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

Aunque habían pasado más de cincuenta años, la mujer no podía borrar de su mente el abuso sexual que sufrió cuando era una niña. Había ido a consultas con expertos y personas le aconsejaron que tratara de olvidar ese trauma y seguir su vida. Pero le era imposible. Esa maldad había afectado sus relaciones sexuales de adulta y hasta el matrimonio. Lo primero que hacía al formalizar una relación era contarle lo ocurrido a la pareja. Así justificaba su actitud negativa hacia el contacto físico…

Una joven guardaba en la profundidad de sus ojos una triste realidad. Había sido violada de niña por parientes. Cuando se atrevió a contarle a la madre, esta no le dio mayor importancia (¿?). Hasta pensó que era exageración de la niña. Al llegar a adulta ya había sufrido por lo menos tres asaltos sexuales. Tuvo que irse de la casa materna para tener algo de tranquilidad… Pero no pudo “mudar” los amargos recuerdos…

Aquella madre al observar a su hija adulta se preguntaba cómo habría sido su vida si no hubiese asistido a esa fiesta de barrio cuando era adolescente. Un vecino degenerado le dio droga y abusó de ella. Quedó embarazada y casi nadie aceptaba lo que decía. Muchas lágrimas y vergüenzas vivió por años, mientras el violador seguía haciendo de las suyas en el barrio. Estas son solo unas cuantas historias de menores que han sufrido delitos sexuales, que marcaron negativamente el resto de sus vidas.

He conocido casos de este delito que a veces se oculta. En todos las víctimas no superan lo ocurrido. Y los que hicieron el daño no fueron condenados… Pensé en esta amarga realidad de nuestra sociedad al conocer que el año pasado se denunciaron más de cuatro mil delitos sexuales. Se sabe que esas cifras no son reales. Por muchas razones a veces no llegan a las autoridades el conocimiento de tales abusos. De diez casos conocidos nueve tienen como víctimas a menores de edad. Casi ninguno de ellos recibe orientación psicológica para superar el trauma.

No podemos decir que delitos sexuales contra menores son nuevos. Lo que sucede es que ahora se denuncian más que antes. El que el abusador sea cercano a la familia “justificaba” el silencio… Con las redes sociales han aumentado los peligros que enfermos mentales hagan contacto con menores y los violen. También ha aumentado la pornografía infantil, que es otro tipo de abuso a menores. Las penas de prisión son altas para este delito. Si no lo denuncian, se estará permitiendo que siga la situación. Generalmente los violadores repiten su maldad…