Opinión - 28/9/14 - 08:00 AM

¡Bote esa basura!

Muchos gobiernos y municipalidades en el mundo tienen, entre otros retos, el de eliminar la basura que se acumula en las ciudades e incluso

Muchos gobiernos y municipalidades en el mundo tienen, entre otros retos, el de eliminar la basura que se acumula en las ciudades e incluso en los ríos y mares por el gran peligro que representan.

Cada vez se complica más esto por la abundancia del material desechable, muchas veces no degradable, que ocasiona sedimentación en las aguas, contaminación en las poblaciones y polución atmosférica que envenena lentamente el aire que consumimos. Las estrategias que se realizan son múltiples y los esfuerzos ingentes.

Pero no hacemos igual con el desecho nauseabundo que acumulamos en la mente y en el corazón a nivel personal y comunitario y es más, no nos importa. No nos preocupamos por esa basura maloliente que se va sedimentando en nuestro subconsciente y que va contaminando todo nuestro organismo humano, tanto espiritual, mental como físicamente. La cantidad enorme de ideas negativas que arrastramos atentan contra nuestra dignidad, autoestima, integridad moral y además nos ponen contra mucha gente, a la que enjuiciamos de manera perturbadora, buscando la manera de marginarlos y hasta de eliminarlos. Esto tiene muchas veces consecuencias trágicas: violencia intrafamiliar, suicidios, robos, fraudes, homicidios e injusticia social, por ejemplo.

La basura mental tiene un alto grado de radiación que impregna todo el organismo psicoespiritual material, que afecta negativamente nuestro desarrollo evolutivo ascendente y nos arrastra a niveles, algunas veces, exageradamente primitivos. Se acumulan las ideas, emociones y recuerdos altamente cancerígenos espiritualmente, que brotan con cierta periodicidad y contaminan todo nuestro ser hasta producir esa “muerte” en vida, a la que podríamos llamar “inercia hipnótica”.

¿Cómo liberarnos de la basura? “Conservemos la paz del espíritu para que la mente pueda discernir los pensamientos que la asaltan, guardando en la despensa de su memoria los que son buenos y provienen de Dios, y arrojando de este depósito natural los que son malos y proceden del demonio.

Disciplina en la observación y control de todo pensamiento y palabra. Debemos ser nuestros más detallistas vigilantes y testigos, para captar todo aquello que sea dañino a uno mismo y a los demás. Todo lo que provoque ira o depresión, desprecio o desánimo no viene de Dios. Buscar lo bueno, pensar lo bueno y hacer lo que es bueno, eso lo quiere Dios, con quien somos invencibles.