Camino peligroso
En el país hay un peligroso movimiento que promueve el linchamiento de exfuncionarios. Los voceros de esa iniciativa exacerban los ánimos de la población, desconociendo que ese tipo de situación se puede salir de control y puede generar enfrentamientos.
La corrupción debe ser investigada por los fiscales y, de haber responsabilidad, tiene que ser condenada por los tribunales de justicia, pero el país no puede estar a merced de mentes calenturientas, ansiosas de protagonismo, que están inmersas en un peligroso rol que no les corresponde.
Incitar a las masas a acudir a casas de exfuncionarios resulta irresponsable, pero lo más preocupante es que ese tipo de acciones estén aupadas bajo cuerda por sectores oficialistas, aprovechando el legítimo deseo de la población de castigar a los corruptos.
Panamá no olvida que ese tipo de acciones las promovió el régimen militar cuando desplazaba a Batallones de la Dignidad a barrios exclusivos como Paitilla para generar terror entre los opositores. ¿En verdad se quiere esto para Panamá?
Allí también está presente el ejemplo de Venezuela con un pueblo dividido y polarizado, que no ha podido superar su crisis y sin capacidad para dialogar.
Que la justicia cumpla su rol y aplique castigo a los que se llevaron los fondos públicos, pero que no se permita que intereses particulares o políticos generen una situación de linchamiento que a la postre solo lleva a un camino: a un enfrentamiento.
