Opinión - 21/8/15 - 11:00 PM
Carambola
Por más de cincuenta años “todo el mundo” quiso acabar con el gobierno comunista de Cuba. Molestos porque los fidelistas habían nacionalizado empresas e industrias norteamericanas instaladas en la Isla, los gringos rompieron relaciones diplomáticas con el gobierno de los barbudos revolucionarios. Queriendo arrodillar al naciente país a 90 millas de sus costas, impusieron un bloqueo económico y cortaron la entrada de dólares. Cuando Rusia instaló cohetes atómicos en las playas cubanas, EE.UU. se arriesgó a una guerra nuclear.
Logró acabar con este peligro. El fracaso de una invasión de exiliados a Cuba apoyada por los gringos no evitó que se planearan más de cincuenta atentados contra la vida de Fidel Castro, los cuales fracasaron. El peligro de que el comunismo se extendiera por América Latina fue cortado de raíz con la muerte del Ché Guevara en Bolivia. Hasta Panamá fue invadida por cubanos dirigidos por un panameño, movimiento que se neutralizó. Esfuerzos de llevar el comunismo a Uruguay, Argentina, Perú y otros no lograron el éxito.
El experimento izquierdista de Chile que llevó al poder al doctor Salvador Allende tuvo que destruirse a sangre y fuego para que no se convirtiera en un mal ejemplo para la región. Mientras tanto, la Cuba comunista se metía en asuntos políticos y militares en el África, pero no pudo lograr que fueran comunistas. Centenares de miles de cubanos huyeron en 54 años de dictadura comunista. Todavía a Panamá llegan cubanos que no quieren estar en el “paraíso” de Fidel. No se puede negar mejoramientos culturales y médicos en este medio siglo de comunismo en Cuba.
Cualquier progreso social en esa isla se pudo alcanzar sin tener que terminar con las libertades ciudadanas, sistema de gobierno democrático, amordazar la libertad de expresión y evitar las protestas con arrestos que llenaron la Isla de prisioneros políticos. Por decenas de años exiliados cubanos radicados especialmente en Miami soñaron con el derrocamiento del fidelismo, cosa que no ocurrió. Lo mismo pasó con la muerte natural de los Castro, quienes se han distinguido por su longevidad. Ahora de repente, EE.UU. cambia su política internacional hacia Cuba y sin pedir un rayo de democracia al país está dispuesto a inundarlo de dólares para limpiarle la cara a ese régimen.
No quiero pensar que siguen aquella frase de “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Más bien creó que pone en práctica la teoría de la “carambola”. Con una sola bola de billar puedes golpear a varias otras en forma seguida. O sea que los dólares harán que la Cuba comunista vuelva al “disfrute” del capitalismo que tanto ha odiado en 54 años. (Oye chico, ¡nos salvamos!)
