Opinión - 11/2/15 - 12:00 AM

Carnavales

El Carnaval es una actividad muy conocida en nuestro país y es presentado en nuestra sociedad como modelo de diversión. Lo cuestionable es que se presente como modelo de diversión, porque no lo es, ya que lo que se hace es vivir: “… como los paganos, practicando el libertinaje, vicios, borracheras, orgías, comilonas e intolerables idolatrías”. (1Pedro 4,3)

Para muchos, lamentablemente, la alienación es sinónimos de diversión. Buscan desesperadamente no pensar ni interiorizar su vida y ahogar su angustia existencial en el mundo de las sensaciones. Estas ovejas descarriadas no conciben un medio de distracción que conlleve el uso de la razón, más bien identifican el relajarse con no pensar y dejarse llevar por los instintos. Es deprimente observar cómo muchas actividades que de suyo son buenas y sanas son contaminadas por música estridentes con mensajes negativos y con borracheras.

Sin embargo, es importante destacar que la diversión es una acción propia del ser humano, que contribuye a romper la monotonía de la rutina diaria. Gracias a ella se suelen hacer muchas actividades donde se desarrolla la convivencia entre las personas. Por ello, el uso adecuado del tiempo libre es una tarea que es indispensable discernir a luz de nuestra fe, como individuos y familias, buscando que el tiempo de solaz que compartimos juntos sea edificante para todos.

A continuación tenemos dos textos bíblicos que nos pueden dar algunas pistas para evaluar el uso que le damos al tiempo libre con que contamos.

“Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad; pero no esta libertad para dar rienda suelta a sus bajos instintos”. (Gálatas 5, 13)

“Todo me está permitido, pero no todo me conviene. Todo me está permitido, pero no me haré esclavo de nada”. (1 Corintios 6, 12)