Opinión - 13/4/17 - 12:00 AM

Casa Wilcox

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El problema de la demolición de la conocida Casa Wilcox en Colón pareciera ser de índole local, pero un análisis más a fondo demuestra que el manejo que ha hecho del gobierno del tema refleja lo que ha sido el estilo de gobernar de los panameñistas encabezados por Juan Carlos Varela: ineptitud, desinterés e improvisación.

El legendario edificio que ya tiene 104 años es parte del conjunto monumental histórico de Colón, declarado así mediante Ley 47 de 8 de agosto de 2002, por lo que en buenas cuentas es un monumento histórico nacional.

Si bien es cierto, sucesivos gobiernos a través del Instituto Nacional de Cultura (INAC), no se preocuparon del viejo caserón de estilo art deco, la recomendación de que sea demolido hecha por el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), ha levantado una oleada de voces en contra, tanto dentro como fuera de Colón.

¿Qué hubiera hecho un mandatario con talante de estadista frente a este problema local, pero de hondo simbolismo para los colonenses? Simplemente ponerse al frente de las voces que se oponen a la destrucción de la Casa Wilcox, visitar el lugar, reunirse con los moradores y dar instrucciones claras, directas y precisas al titular de Vivienda, al de Sinaproc y otros involucrados, de salvar a toda costa el inmueble. Eso no ha sucedido.

La indiferencia oficial ante este problema es una bofetada a la historia de los colonenses. Por otro lado, hay quienes dicen que los eternos especuladores de la política, amigos de los poderosos de turno, quieren el terreno sobre el que está construida la vieja edificación. ¿Será verdad?

Lo cierto es que no hay respuestas oficial a las voces que dicen que el inmueble es recuperable y no la va a ver, porque no hay en las esferas oficiales interés, con esa mentalidad autárquica, clasista y soberbia razonarn: “que nos importa esa casa donde vive la negrada muerta de hambre…que la tumben”… Duele la Casa Wicox, duele Panamá.

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