Casablanca
L as dos jovencitas disfrutaban de la charla de un caballero que se refería a la extraordinaria vida que ha tenido él. Siguiendo la curiosidad periodística dirigimos un 'oído' hacia esa mesa, mientras disfrutábamos de un delicioso desayuno en un hermoso sitio de nuestro interior. Hacíamos turismo interno para alejarnos del mundanal ruido de la ciudad capital. Estábamos lejos de los eternos tranques vehiculares de la capital, que la policía nacional no ha podido evitar.
Lejos habían quedado los bochinches politiqueros que destruyen la paz social de muchos panameños. Tampoco sufríamos los cierres de calles por personas que piden una gota de agua potable. El lío administrativo de Mi Bus no llegaba a aquel lugar, pero... después nos informaron que la maldad existe por allí, y una de ellas tiene el curioso nombre de Casablanca. Al oír esa palabra pensamos en una antigua y famosa película, también en una ciudad que tuvo importancia estratégica en la Segunda Guerra Mundial.
Nada de eso tenía que ver con la Casablanca panameña. Nos aclararon que así llaman a aquellas damas jóvenes que venden su cuerpo a hombres mayores llenos de plata, en sus lujosas viviendas. No dijeron por qué llaman así a lo que se conoce como prostitución. Pero eso no era lo único malo que existía en el antiguo pacífico paraje de nuestra campiña.
En voz baja indicaron que la droga estaba penetrando la juventud del lugar. Señalaron que a veces maleantes de la ciudad llegaban al poblado para corromper a los muchachos despistados. ¡Qué lástima! La droga trae además de la destrucción física y mental de quien la consume, la necesidad de conseguir dinero fácil para pagar el vicio. Entonces, la sociedad se ve víctima de robos, asaltos y estafas, lo que destruye la buena calidad de vida de cualquier poblado.
Como las instituciones de salud no tienen recursos para combatir la adicción, será difícil recuperar a estos viciosos. Igualmente mencionaron que algunas 'damas alegres' de otros poblados llegaban a ese sitio a depositar en los bancos sus ganancias. Al escuchar esto, sentimos un 'dolor en el estómago' ante la pérdida de tanta vida juvenil. La próxima habrá que encerrarse en un 'hueco' hasta donde ojalá no haya llegado la maldad.
