Celular, alcohol y parranda
Son pocos los jóvenes que siguen las tradiciones familiares para esta época de fin de año.
Esa minoría de jóvenes de casa como decía mi abuela: van a misa, no se separan de sus padres, cenan en familia, saludan a sus vecinos pasada la medianoche y luego siguen la fiesta en su casa, abriendo los regalos.
Pero hay otra generación de jóvenes adolescentes que ni piensan en estar reunidos en la mesa dándole gracias a Dios por los alimentos junto a su familia, sino que están atentos al bendito celular, ¿de quien le dio “Me Gusta” en la redes sociales?, ¿quién comprará la caja de cerveza? y ¿dónde será la parranda?
La juventud de ahora quiere vivir la vida a mil por hora. Emulan a los mayores en todos los aspectos y hasta se creen superiores cuando a espaldas de sus padres ingieren bebidas alcohólicas, fuman y hasta consumen drogas.
Es una generación que viene creciendo de manera acelerada sin importarles las consecuencias y los dolores de cabeza que le ocasionarán a sus padres.
Esos jóvenes pareciera que hasta los buenos modales han perdido. Se les olvida decir buenos días, buenas tardes y buenas noches, y su “chip” tiene otra jerga que los padres ni utilizando “google” o el diccionario la Real Academia de Española “rae” podrían encontrar su significado.
Es hora y estamos a tiempo de mejorar y encarrilar a nuestro hijos o hijas para que sean hombres y mujeres de bien.
Es una época donde más debemos vigilar a nuestros hijos y conocer con quién estarán luego de las 12 de la medianoche.
Algunos hacen lo imposible por estar con sus amistades, pero es momento de ponerle un ‘Alto a ese desenfreno’.
