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Primeras damas Aunque en América Latina se ha creado la tradición de que las esposas de los presidentes juegan un papel importante
Primeras damas
Aunque en América Latina se ha creado la tradición de que las esposas de los presidentes juegan un papel importante en la promoción de acciones sociales, algunas de estas primeras damas aprovechan el poder político que acumulan por ser esposa del mandatario de la nación y comienzan a elevarse públicamente, como lo hicieron Eva Duarte de Perón, Marta Sahagún, esposa del expresidente Fox, de México; Alicia Raquel Hartridee, esposa del exgeneral Jorge Rafael Videla, presidente de la junta militar argentina; Lucía Hiniart, esposa del exdictador de Chile Augusto Pinochet; Susana Higuchi, esposa del expresidente Alberto Fujimori, del Perú; Elaine Karp, esposa del expresidente de Perú Alejandro Toledo.
Últimamente se escuchan voces en nuestro país que pretenden cambiar el papel que han tenido nuestras primeras damas con la excusa de que han sido muy pasivas y que deben tener más participación en el gobierno de sus esposos, inclusive, algunas recomendaciones de que deben participar en los consejos de gabinete. En Panamá, el primer intento se dio con doña Cecilia Pinel Remón, esposa del excoronel José Antonio Remón Cantera, quien se apartó del papel asignado y hasta fue ministra de Estado y que antes de la muerte de su esposo fue considerada como una posible candidata a la presidencia de la República, muchos años después se quiso revivir en la figura de Vivian Torrijos, esposa del expresidente Martín Torrijos, pero la idea tuvo mucha oposición y fracasó.
Con respecto a Panamá, el pueblo se inclina por una primera dama con buen comportamiento, un buen desempeño, con una excelente proyección personal y social, un ejemplo fueron primeras damas como doña Matilde Linares de Arias, doña Fany de Lakas, doña Cecilia Orillac de Chiari, doña Dora Boyd de Pérez Balladares y Marta de Martinelli, todas ellas se destacaron por su gran participación en obras sociales y por ello se les recuerda con mucho cariño. El mensaje final es: En Panamá estamos acostumbrados a nuestros propios esquemas: queremos primeras damas al estilo panameño.
