Opinión - 12/10/14 - 02:57 AM

¿Cómo tratarse usted mismo?

Primero, debe tomar conciencia de que muchas veces usted es su peor enemigo. Usted se bloquea e impide desarrollar sus potencialidades. Usted desconfía de sí mismo y

Primero, debe tomar conciencia de que muchas veces usted es su peor enemigo. Usted se bloquea e impide desarrollar sus potencialidades. Usted desconfía de sí mismo y se hace cuestionamientos como: “Acaso podré hacer eso. Mejor ni lo intento, no sea que haga el ridículo”. No tiene usted el menor respeto con su propio ser. Es normal el maltratarse con preguntas como: “¿Por qué habré nacido, si no sirvo nada más que para fracasar?”. El bloqueo mental suyo pone en duda su derecho a vivir, a desarrollarse y más de una vez se ha sorprendido diciéndose: “No me merezco nada, ya que yo en el pasado hice esto, esto y esto”. El complejo de culpa lo martiriza y prácticamente lo hace fallar para castigarse. Probablemente usted sigue escuchando voces en su subconsciente de personas que de niño lo ofendieron llamándolo “burro, estúpido, no sabes hacer nada”. Allí quedó eso grabado, con más intensidad mientras más fuera significativa la persona que lo agredió: papá, mamá, abuelo, tía, maestra, etc. Lo que pasa es que esas voces ya las ha hecho usted suyas y se cree lo que oyó. Pues bien, si usted es su peor enemigo, comience a reconciliarse con su propio ser. Para eso localice de dónde viene la agresión. Es de su yo frustrado, triste, agonizante, que ha sido tantas veces golpeado, que solamente busca maltratarse porque no cree en su bondad. Ese yo pequeño, ruin, cobarde y vengativo no se da cuenta de que no es el real, que está ciego y que no ve la verdad de su persona. Usted fabricó ese “yo” falso. Su yo, el real, es superior, magnífico, deslumbrante, lúcido, sabio, fuerte. Y es que usted está hecho a imagen y semejanza de Dios. Su esencia es buena, por lo que para eliminar a ese enemigo que lo agrede tanto, no se crea lo que dice ese yo raquítico y mentiroso y reafírmese en su conciencia de un yo que es puro, radiante, bueno, amoroso, pacífico y que refleja desde su humanidad la belleza y grandeza de Dios. Para eso le pido que se conozca de verdad a usted mismo, que se purifique de aquello que lo mancha, de esas malas intenciones y acciones que son consecuencia de la falsa visión de su ser, y comience una nueva vida. De hecho, así como uno se ve actúa. Porque con el poder de Dios somos ¡INVENCIBLES!