Opinión - 09/12/14 - 12:25 AM

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L a semana pasada les comentaba que diciembre es una época de amor, solidaridad, perdón, reconciliación y de compartir. Pues este fin de semana fue

Yadira Roquebert

L a semana pasada les comentaba que diciembre es una época de amor, solidaridad, perdón, reconciliación y de compartir. Pues este fin de semana fue precisamente lo que hicimos en familia, compartir, sí, pero con niños de las Aldeas Infantiles SOS.

Mi hijo Roly, amante del deporte, disciplina que lo ha llevado a destacarse en su vida personal y profesional, decidió celebrar su cumpleaños con los que menos tienen, e involucró a su familia y amistades, quienes con gusto le acompañamos.

Compartimos con niños y niñas residentes en las aldeas. Una vez en el punto de encuentro, llegaban los invitados. Empezamos a repasar la lista de convidados y en la medida en que mencionaban nombres, los niños parecían identificarlos, hasta que se mencionaron dos niñas e inmediatamente dijeron a coro: ellas no están; pero uno de ellos fue más preciso cuando señaló: a ellas las adoptaron y se fueron el martes, ya no regresarán más! Esa respuesta nos sorprendió, y fue suficiente para meditar sobre la suerte de estos menores.

Se trata de niños en riesgo social, que viven como hermanos en residencias, bajo la autoridad de una tía, que procura dar lo mejor de sí para que se sientan en un hogar. Asisten a la escuela, algunos de ellos son becados por centros particulares. Cuentan con psicólogos y el personal profesional para hacer de ellos hombres y mujeres de bien.

Y así iniciamos la actividad, tres horas que fueron inolvidables; sentimos la alegría de los niños, donde se jugó, se rompió la piñata, se degustaron golosinas, sodas, se cantó el cumpleaños feliz, disfrutaron de un “show” de magia y, al final, la entrega de presentes. Fue un momento muy emotivo, algunos descubrían sus regalos, otros preferían guardarlos para abrirlos el 24.

Los amigos de mi hijo, fortachones y atléticos, familiares y otras amistades, sin excepción de sexo, dejaron exteriorizar sentimientos que los llevaron a asomar lágrimas, que luego secaban con sus manos, o con el hombro de la persona que los consolaba, mientras los niños jugaban con sus obsequios, ajenos a lo que sucedía en ese momento.

Fue una escena conmovedora, sin embargo, nos retiramos con la certeza de que mi Panamá, el país de las oportunidades, no está exento de estas realidades, pero que cuenta con gente solidaria y dispuesta a compartir con los que más necesitan.