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La señora limpiaba el viejo bolso de cuero que en su momento brillaba cuando estaba nuevo. Lo revisó y vio que aún servía. Decidió que no iba a comprar otro para esta Navidad. La decisión de evitar gastos la hizo pensando en que tenía que cumplir con muchos compromisos de salud… Dijo que en realidad hay compras que no tienen tanta urgencia si debes compartir ese dinero con necesidades que exigen de un mayor esfuerzo, porque la vida es más importante.
El joven compró una comida que no le satisfizo su apetito, molesto se levantó de la mesa en el restaurante sin dejar propina. El mesero recogió las sobras y limpió la mesa para que estuviese lista para el próximo cliente. Se quedó mirando el resto de las mesas ocupadas por comensales que reían, conversaban y comían sin mayor problema sus alimentos, diciendo a su compañero de trabajo que es triste que haya personas que no aprecian lo que pueden llegar a tener.
Sentado en el piso ofrecía el producto de su trabajo. Dentro de un tanque calientitos estaban los tamales de pollo y puerco envueltos en bijao. Venía desde Macano en Boquerón, Chiriquí. La gente le compraba porque la comida era buena y ya lo conocían en ese lugar junto al ayudante que lo acompañaba. Muy orgulloso mostró los verdes culantros que también había traído para la venta. Unos señores que llegaron al supermercado le pidieron cinco tamales y el hombre ya canoso por su edad, sonrió contento por el logro de su venta. Sus ropas y actitud sencilla reflejaban su humildad.
Con entusiasmo la jovencita hablaba de sus planes y de cómo siempre había que encomendarse a Dios para que nos guiara en nuestros propósitos. Con firmeza salían de su boca las palabras que en su voz femenina cobraban vida por el modo en que describía lo que sería su futuro. La dama que la escuchaba se sintió complacida y esperanzada de ver a una persona de tan pocos años, sólo 19 y recién graduada tener tanto optimismo y metas. Deseó que muchos jóvenes se llenen de ese espíritu y actitud emprendedora, tal cual le expresó a la muchacha que la atendía en aquella oficina.
Los verdaderos obsequios no necesitan de una envoltura, y no es que los que se compran en las tiendas no llevan ese buen sentimiento, sino que dar o compartir un poco de uno mismo a alguien desde una sonrisa, un gracias o un abrazo que se brinda con cariño a tiempo, es también una de las muchas formas de compartir ese amor que nos anima a ver de otra manera el existir en estas fechas de diciembre.
