Con pena y sin gloria
Con más pena que gloria arribó la administración de Juan Carlos Varela a su primer año de gobierno; la fecha hubiera pasado desapercibida sino fuese por el llamado de atención ciudadano a la poca efectividad, trabajo y resultados que ha tenido el Gobierno en los últimos 365 días.
Cuando el 39% del electorado votó por Varela, lo hizo seducido por las promesas de campaña en las que se insistió en darle continuidad a las grandes obras de infraestructura y los proyectos sociales de la anterior gestión, en la que Varela participó y audazmente se atribuyó la autoría de algunas realizaciones de beneficio social.
Ya pasó un año e inicia el segundo y lo que vemos es un incumplimiento de las promesas de campaña, como aquella de nombrar una asamblea constituyente –que dijo olímpicamente que no lo hará–, renegó de la promesa de no crear impuestos, pues ya clavó uno a ciertos materiales de construcción para financiar el aumento a los jubilados (que se merecen el incremento, pero no sacrificando al resto de los panameños).
Donde sí ha destacado Varela es en el nepotismo rampante en todas las instituciones públicas, al nombrar familiares en el servicio exterior y permitir esta práctica en el Tribunal Electoral y otras dependencias estatales.
Podría decirse con el viejo adagio que la administración de Varela ha sido “nada en dos platos”, pero no es tan cierto, sí han hecho cosas: paralizar y archivar grandes proyectos de la administración anterior, como la Ciudad Hospitalaria, la Cadena de Frío, la entrega de mochilas y útiles escolares.
Nombrar instrumentos para la persecución y terrorismo judicial y pagar con nombramientos y puestos a los financiadores económicos de su campaña electoral.
En fin, con más pena que gloria, el Gobierno cumplió su año de tortuguismo e inactividad, y preparémonos para más de eso en los próximos años.
