Opinión - 31/1/17 - 12:00 AM

Contra la corrupción

Por: Yadira Roquebert Periodista -

Tras la marcha registrada la semana pasada, la cual se constituyó en escenario para recordar que tocar pailas como en otrora es una medida que alerta  a las autoridades sobre la disconformidad de la población en torno a un tema que se yergue con tentáculos que le hacen daño al país, a su imagen y a todos los que vivimos en este territorio.

El tema central, la corrupción, flagelo que data de muchísimos años, quizás en algunas ocasiones ha llegado a pasar desapercibido, pero actualmente tras reveladores anuncios, preocupa por el atroz latrocinio que ha vivido el país,  que exige que los responsables rindan cuenta, pero más allá, nos pone a reflexionar si esa es la herencia que van a dejar a las futuras generaciones.

A través de esta marcha convocada, los panameños se fortalecen en el empoderamiento de exigir transparencia. La participación de diversos sectores, más allá de las militancias políticas ha coincidido en un momento de definición histórica para rescatar el decoro, la dignidad y la decencia en mi Panamá, el país de las oportunidades.

El sentir de la población contra la corrupción está por constituirse, a mi juicio, en un movimiento nacional que lucha por evitar que esta plaga destruya la vida democrática que tanto costó, para exigir que finalice la impunidad y que los responsables enfrenten la ley.

La corrupción, la inmoralidad y el uso indebido de los fondos públicos están llevando a aprovecharse de la cosa pública para robar el dinero del Estado y de los panameños. Personas inescrupulosas que por lograr sus objetivos son indiferentes al dolor de quienes tienen necesidades realmente comprobadas. Es un tema que, incluso, desalienta a los inversionistas y debilita la institucionalidad de un país. Todo esto tiene un costo que puede ser medido en términos económicos, al igual que sucede con el daño moral y muchos otros de carácter intangible que no por dejar de ser daños materiales dejan de ser susceptibles de indemnización.

No dejemos que la corrupción sea un mal y una práctica de todos, actuemos con honestidad y humildad. No más arrogancia, prepotencia y soberbia. Si se está percibiendo un salario por los servicios brindados, ajústese a él; sea transparente y camine con la frente en alto. Que su herencia a las futuras generaciones sea su mejor carta de presentación.

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