Opinión - 23/1/15 - 12:00 AM

Cristo crucificado

Por: Carlos Singares e Itzel Santos / Siervos del Señor -

Muchos son los cristianos que crucifican todos los días a nuestro Señor Jesús, lo recuerdan humillado, hinchado por los golpes recibidos, su rostro desfigurado, su piel echa jirones de dolor y colgado del madero.

En este momento, Cristo está sentado a la diestra de Nuestro Padre Celestial en pleno poder y gloria. Preparando su retorno para hacer juicio y llevarse a su pueblo predestinado desde antes de la creación.

Es triste que millones de cristianos se arrodillen ante imágenes de palo y yeso para adorar a un Cristo muerto.

La verdad es que Cristo vendrá en las nubes, esto quiere decir glorificado, para cumplir su promesa de redimirnos, rescatarnos de la muerte para vivir una vida gloriosa junto a Él.

Solo podemos tener una idea vaga de lo que significa “glorificado”, al recordar a Moisés que vio la gloria de Dios de manera indirecta, nadie ha visto la gloria de Dios, pues moriría. No soportamos la gloria de Dios. Moisés bajaba del Monte Santo, luego de ver la gloria de Dios, con un paño en su rostro iluminado. Los israelitas se aterrorizaron al ver el rostro brillante de Moisés.

Pedro vio a Cristo glorificado. El poder de Dios se manifestó cuando Cristo respondió a los guardias del sumo sacerdote que cayeron por tierra, cuando lo iban a arrestar, impactados por la gloria de Dios.

La gloria de Dios que nosotros conocemos en parte y vemos a través de un velo, implica a Dios con todos sus atributos divinos: omnisciencia, omnipresencia, poder total, soberanía, misericordia, gracia, amor, paciencia, etc.

“No existe cosa creada que no sea manifiesta en su presencia. Más bien, todas están desnudas y expuestas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. Heb. 4:13

La gloria pertenece a Dios, creador de todas las cosas. La gloria de Dios se manifestó en carne, por su hijo Jesús, quien fue sacrificado para glorificar al Padre. A Él debemos toda gloria y alabanza por siempre, en la tierra y en el cielo. Amén.