Opinión - 16/11/14 - 10:15 AM

Cuando Dios te habla

Hoy me volvió a ocurrir. Estaba en misa y nuevamente pensé en su silencio. —¿Por qué parece que callas? — le pregunté. Llegamos al padrenuestro y

Por: Claudio de Castro

Hoy me volvió a ocurrir. Estaba en misa y nuevamente pensé en su silencio. —¿Por qué parece que callas? — le pregunté.

Llegamos al padrenuestro y empecé a rezar, pero algo me interrumpió. Sentí como si Dios me respondiera.

—Padre. —Hijo.

—Padre. Otra vez. — Hijo.

Me he sonreído por esta ocurrencia suya.

—Señor, debo continuar. Y volví a empezar…

—Padrenuestro. —Hijo mío.

—Que estás en el cielo. —Que estás en la tierra.

—Santificado sea tu nombre. —Yo te bendigo.

—Venga a nosotros tu reino. —Quiero verlos a todos conmigo.

—Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. —Es mi voluntad que te esfuerces, que ames y seas santo. ¡Quiero que seas feliz!

—Danos hoy nuestro pan de cada día. —Te daré todo si confías, amas y te abandonas en mi amor.

—Perdona nuestras ofensas. —Yo perdono y olvido, una y otra vez. Es lo que hace el amor. Cuando amas, eres capaz de perdonar miles de veces, como el corazón de una madre que perdona y abraza a su pequeño.

—Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. —¿En verdad perdonas? Piensa en aquel que tanto daño te hizo. ¿Quieres que te ayude a perdonarlo?

—No nos dejes caer en la tentación.

— Ten presente que la tentación no es un pecado. A veces la permito porque te fortalece. El pecado es caer, no apartarse de ella. Quiero preguntarte: ¿Qué haces cuando tienes una gran tentación? ¿Oras? ¿Te abandonas en mí? Grandes tesoros celestiales esperan a los que perseveran y triunfan, los que no caen en la tentación.

—Y líbranos del mal.

—Yo siempre estoy con ustedes. Los cuido, consiento y protejo. Tengo un plan maravilloso para cada uno. A cambio es tan poco lo que pido. “Quédate cerca, camina conmigo, confía, obedece mis mandatos, sé misericordioso, justo y santo”.

Ustedes se alejan de mí. Me olvidan y me sacan de sus vidas. Dejan a un lado lo fundamental: “El amor”. Eres como el hijo pródigo. Mi hijo.

Te estoy esperando con los brazos abiertos, con el amor de un padre.