Cuando los ateos se burlan de Dios
Julio César Caicedo Mendieta
Colaborador
Raúl Castro es ateo y marxista y como tal, para él y el sistema de gobierno que dirige "El fin justifica los medios". El obtener los resultados que planifica el aparato comunista cubano, para mantener a la cúpula de sinvergüenzas que no pasa el diez por ciento de la población cubana, admite inmoralidades, mentiras y, sobre todo, burlas. Se burlan del 90% de su población cuando les dicen que en el extranjero se vive peor que en Cuba. Se mofan de los países en donde están infiltrados con el engaño de una vida mejor para sus pueblos. Cometen escarnios terribles con sus fanáticos de adentro y de afuera, presentándoles dobles del difunto Fidel, como hizo el macabro asesino Stalin cuando murió Lenin. Ya la propia masa de harapientos que sobrevive en la isla practica el vergonzoso zaherimiento pidiendo hasta cepillos de dientes usados, ropas, jabones y perfumes a los que los visitan, esto no se da ni en Haití. Esos tipos y los que los apoyan se están burlando de Dios.
Tal como lo expresa Eudocio Ravines en su libro "La Gran estafa", deja ver que la penetración del Kremlin en Iberoamérica fue a base de engaños y sigue enquistada porque beneficia a un grupo que sabe formar y apoyar guerras que a la postre son un negocio para ellos, de asesinatos y espionajes. "Ninguno de los que ha hecho comunismo en América Latina se proclamó francamente comunista, en el estilo estridente de Lenin. Todos negaron serlo: Arbenz y Castro, Quadros, Goulard y Frondizi. Boch, Torres y Allende, Velasco Alvarado, todos fueron nada más que medio socialistas".
Mi ignorancia no me permite entender por qué los últimos tres papas han ido a perder el tiempo de DS en Cuba. Observen Juan Pablo II en 1998, Benedicto XVI en 2012 y Francisco, ahorita en 2015. Todos los parlamentos de los papas han sido ceremoniales, humildes y de bendición, mientras que los de Fidel hacia Juan Pablo II y Benedicto XVI fueron unas claras burlas materialistas, lo mismo que el discurso de Raúl pidiendo desbloqueo. El aparato policiaco no habla de libertad, no cita los derechos humanos, no quiere dejar el poder en donde están atornillados desde 1959, "¡por Dios, qué burla!".
