¿Cuánto importa la cantidad de grasa que consumimos?
Tomado BBC Mundo
¿Es la grasa el gran mal de nuestra época, responsable de seducirnos con su deliciosa suculencia hacia una prematura y ancha tumba?
O, ¿será que es tan malentendida como lo es sabrosa y merecedora de ser reincorporada otra vez en nuestro menú con entusiasmo?
A medida que la campaña contra el consumo del azúcar ha tomado mayor fuerza en el último par de años, cada vez hay más voces pidiendo la redención de la grasa.
Durante décadas ha sido tildada de enemiga número uno y el rótulo de alimentos "sin grasa" se usa para convencernos de que lo que estamos comprando es saludable.
El problema es que "sin grasa" puede referirse tanto a las verduras como a una inteligente manera publicitaria que en realidad significa "le sacamos toda la grasa y la reemplazamos con un motón de azúcar".
Así que, me encontraba en el supermercado frente a un bote de yogurt bajo en grasa, en una mano, y uno de grasa entera, en la otra, preguntándome cuál sería mejor para mí.
Si tuviera una tercera mano estaría rascándome la cabeza. Y no soy el único.
"Cuando uno está frente a un gran muro de yogurt, hasta yo me paralizo", dijo Susan Jebb, una profesora de nutrición de la Universidad de Oxford.
Cuando se elimina la grasa de los productos, especialmente los secos como pasteles y galletas, algo la tiene que reemplazar.
"Suele ser el azúcar, las calorías en las galletas corrientes e integrales de la misma marca son casi las mismas", afirmó la profesora Jebb.
"Muchos yogurts están repletos de azúcar, eso es lo que me molesta del yogurt".
Hay una simple explicación: muchas marcas son tanto bajas en grasa como en azúcar, pero yo necesito añadirle un poco de fruta para que sea apetitoso.
Pero, ¿qué pasa con el argumento de que deberíamos consumir más grasa?
Algunos arguyen que el mensaje de eliminar de los alimentos procesados todas las grasas cuando se habla de las malas grasas saturadas estuvo demasiado simplificado.
Otros sostienen que el inclinarse por los carbohidratos en nuestra dieta, particularmente los simples como el pan y la pasta, está causando estragos en nuestras hormonas y aumentando el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, además de hacernos amontonar kilos.
