Opinión - 30/1/16 - 12:00 AM

Culecos por votos

Por: Carlos Christian Sánchez Columnista -

Recorriendo las provincias centrales, al viajar por la Interamericana sintonizamos las emisoras locales. “Ven y disfruta de los Carnavales acá donde uno. Agua y guaro, te invita la reina de Calle Abajo de casa del rayo”. Algo similar escuché, claro no digo lugar para no herir susceptibilidades. Mientras tanto, el cruel verano hace sus secuelas sobre Azuero.

En los programas radiales de opinión, en las redes sociales y los comentarios en los poblados interioranos es lo mismo: “Siempre hay agua, no veo cuál es el problema. Esos periodistas y ecologistas alarmistas mienten.

Yo quiero mi culeco y la diversión va porque va”. Esos comentarios son verídicos. Uno de ellos, fue detrás de una tarima de una licorera familiar, vinculada a un prominente político que hoy lidera el país.

Es insólito ver la cruda realidad de la naturaleza humana. Sin Carnavales no hay vida. Mientras las vacas flacas pastorean los áridos potreros de Los Santos y Herrera, un grupo de irresponsables políticos, vinculados al poder de turno, aprovechan la coyuntura para enriquecerse de las venideras fechas de parranda. Ahora todo se enfoca en qué horario serán las mojaderas, los populares culecos. De cuál pueblo derrochará más el vital líquido.

Y claro, está el enfoque político del Carnaval. El panameñismo no olvida lo que pasó cuando se dio el brote de Hantavirus en Azuero. Aunque era necesario, las secuelas se sintieron en mayo de 2004, cuando los electores de provincias centrales apoyaron a Martín Torrijos Espino y al PRD, en los comicios. Voto castigo por prohibir la fiesta de la carne. ¿Se imaginan que el otro suspenda los culecos? Obvio, se imagina al CD y el “Loco” ganando por cancha en 2019.

¿Qué es más importante, vender seco o licor? ¿O mitigar los efectos de la sequía que azota Los Santos y Herrera, además de otras provincias como Coclé, Chiriquí y Veraguas? Igualmente, hoy vemos la repercusión de frenar proyectos de riego como el de la ribera del río Tonosí, el cual hubiera sido ejemplo para combatir la desertificación. Sin embargo, la campaña mediática politiquera de los hoy gobernantes, que antes estaban en oposición, tiraron al traste la iniciativa que intentaron impulsar algunos, con el fin de impulsar la agricultura de goteo en el sur de Azuero.

El Carnaval se ha politizado. Hay que admitirlo, pero es una irresponsabilidad decir que sobra agua en Panamá, hasta por 50 años. Cuando la sequía y el fenómeno de El Niño arrecien, esos malos funcionarios verán las consecuencias de sus actos.

Cuidemos el ambiente, protejamos las pocas fuentes de agua que nos quedan.

La diversión es pasajera. Pensemos en las generaciones venideras. Para defender la naturaleza, hay que ser responsables y prudentes. Larga vida y prosperidad para todos. Saludos, amigos...