Dar razón
San Pedro nos enseña: “Den culto al Señor, Cristo, en sus corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que les pida razón de su esperanza”, 1Pedro 3, 15. El fruto verdadero de dar culto al Señor es dar razón de nuestra fe. Nadie está obligado ni a creernos ni hacer lo que decimos, puesto que tienen libre albedrío. Pero tampoco tienen derecho a atacarnos, enojarse ni a tratar de chantajearnos para que no practiquemos nuestra fe o evitar que busquemos propagarla.
No debemos buscar la paz y la concordia a costa de un silencio cómplice que calla la verdad para supuestamente no incomodar a los otros. Todos conocemos que cada quien tiene derecho a su vida privada y no estamos llamados a intervenir donde no nos llaman. Pero cada uno de nosotros sabe los escenarios donde podemos intervenir libremente sin ser metiches ni imprudentes. En eso momentos, callarnos por miedo o comodidad es, sin duda, un pecado de omisión.
No solo el testimonio de vida, sino también la expresión viva del Evangelio, son necesarios hoy día. Se trata de poder transmitir a los demás lo que Jesús ha hecho en mi vida. Que vivir la vida en obediencia a Dios es fuente de felicidad como una experiencia palpable.
La verdad siempre va a ser incómoda y cuestionada por los que no viven bajo su amparo. Como nos dice Jesús: “El Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes le conocen porque mora con ustedes”, Juan 14, 17. No desfallezcamos en predicar la verdad, recordemos que antes de nuestra conversión, nosotros también la cuestionábamos, pero gracias a los que nos predicaron, ahora estamos aquí.