Opinión - 30/9/14 - 01:05 AM

Deprimente

Redacción

Históricamente, los cerebros más brillantes de la política nacional hicieron del parlamento el tinglado natural para el debate de las ideas. Aún en la memoria de quienes la tienen están frescos los debates en el hemiciclo legislativo entre figuras como Arnulfo Escalona Ríos, Carlos Arellano Lennox, Raúl Ossa, Luis Navas, Rigoberto Paredes y Gerardo González, en que cada uno al defender ideas contrarias, lo hacía con verbo, altura intelectual, talento y elegancia.

Si nos vamos más atrás, a la década de los 50 o 60, no podemos dejar pasar el verbo encendido de Carlos Iván Zúñiga o de Domingo H. Turner, en la década de los 30 o 40, cuando la Asamblea de Diputados se lucía con parlamentarios cultos e inteligentes, fueran liberales, renovadores, coalicionistas, frentistas, socialistas o incluso panameñistas.

Hoy el contraste es notorio, una Asamblea clientelista, un electorado apático que da el voto casi por inercia y, lo peor, diputados que proponen leyes absurdas, que no provocan ningún tipo de debate serio, como el anteproyecto de subsidio a las piponas, a los estudiantes de escuela nocturna o la teorización del sancocho y la cutarra.

Bien hizo el diputado varelista en reconocer el triste espectáculo que da esta Asamblea, que tanto cuesta al erario público.

Ojalá los diputados despierten y brinden al país un debate de calidad sobre leyes que verdaderamente necesita este pueblo y que no nos sigan ofendiendo con su cháchara jactanciosa e improductiva.