Opinión - 17/11/14 - 11:54 AM

Depuración

Redacción

El expresidente Ricardo Martinelli lanzó un reto público: auditar el Programa de Ayuda Nacional (PAN) desde el inicio hasta el final de su gestión; la pregunta obligada es: ¿se atreverán sus adversarios políticos a recoger el guante lanzado por el exmandatario?

Igualmente, el expresidente ha hecho público su desencanto ante las acusaciones que se han formulado a dos importantes exfuncionarios de su gestión y ha reclamado, con la autoridad de quien sí la tiene, que se les investigue y si tienen que ir presos, que vayan presos.

Estas dos posturas retratan de cuerpo entero a un hombre que no tiene miedo al cerco mediático que se le ha pretendido instaurar por parte de sus enemigos, y decimos enemigos porque las pasiones de la política se han desbordado, y ya no se le ve como un ejercicio democrático, sino como un mecanismo para hacer daño y calumniar.

Que no se equivoquen los furibundos vocingleros del oficialismo, el presidente de Cambio Democrático y expresidente de la República se ha erigido en un auténtico líder popular y la única cabeza de la oposición al actual régimen.

El otro partido que se decía de oposición agoniza lentamente entre luchas intestinas por apetitos de poder y seguramente no llegará al 2019, sino que será absorbido por las fuerzas progubernamentales con la que ha hecho alianza en procura de canonjías y sinecuras.

Ante este panorama, la única fuerza capaz de hacer una oposición real, constructiva y consecuente es el CD con su líder Martinelli a la cabeza.

Hay una frase política que dice que “el partido se fortalece depurándolo” y eso es lo que hoy tiene que hacer el CD, depurarse de los oportunistas que llegaron al colectivo a promover intereses mezquinos y echar pa’lante como fuerza política real representativa de un amplio sector de la sociedad panameña.