‘Der kaiser’ del fútbol mundial
Hijo del director de una oficina de correos, comenzó a jugar fútbol a los 9 años, en las categorías inferiores del fútbol alemán. A los 13 años
Hijo del director de una oficina de correos, comenzó a jugar fútbol a los 9 años, en las categorías inferiores del fútbol alemán. A los 13 años ya formaba parte del Bayern Múnich, en su ciudad natal. A los 18 años ya había debutado con el Bayern, y cumplidos los 20 había hecho su debut con la selección alemana. A lo largo de su carrera, «der kaiser» participó como jugador en tres torneos de la Copa Mundial de Fútbol y como director técnico en otros dos, y se convirtió así en la segunda persona del mundo, después del brasileño Mario Zagallo, en conseguir la codiciada copa como jugador y como entrenador.
Si bien Franz Beckenbauer sobresalió como mundialista desde el principio, al marcar dos goles en su primer partido en Inglaterra 1966, tuvo una participación inolvidable en México 1970. En «el juego del siglo», la semifinal entre Alemania e Italia, su selección alemana se vio obligada a jugar tiempos extras por segunda vez consecutiva y, para colmo de males, no pudo hacer cambios por haber agotado sus sustituciones. Frente a más de 114,000 espectadores que colmaron el Estadio Azteca, Beckenbauer se jugó el todo por el todo en el tiempo suplementario, y terminó el partido con un hombro dislocado y el brazo en cabestrillo. Sin embargo, su esfuerzo heroico no se vio recompensado. Los pánzers alemanes marcaron dos goles más, pero la escuadra “azzurri” marcó tres, el de la victoria en los minutos en que agonizaba el partido y se morían de cansancio los jugadores.
No obstante, Beckenbauer comentó: «México 1970 fue un torneo excepcional. En aquella época no había... tanta preocupación por la seguridad.... Simplemente había un policía armado en la entrada como única vigilancia. Obviamente, es algo impensable en la actualidad.... El torneo de México estuvo lleno de colorido. El país era una gran fiesta del fútbol».
Lo irónico de las declaraciones hechas por el astro alemán es que, mientras los 22 jugadores de los dos equipos se entregaban en la cancha del Azteca, 23 presos en la ciudad de Tixtla, cerca de Acapulco, se escapaban de una cárcel con todas las armas que había en ella. ¡Los reos aprovecharon la complicidad del guardia que se quedó vigilándolos para que los otros guardias de turno pudieran ver el partido por televisión en un bar frente al presidio!
Gracias a Dios, en la gran fiesta que habrá en el cielo, nadie tendrá que preocuparse por su salud física o mental ni por su seguridad corporal o espiritual. Es que allí no habrá enfermedad ni dolor ni tristeza ni temor, sino paz y tranquilidad, gozo y felicidad. Porque en el cielo no habrá ni un solo perdedor; todos serán ganadores. Más vale que aseguremos la entrada hoy mismo. A diferencia de las copas mundiales de fútbol, la entrada al local es gratuita, y la fiesta no dura nada más un mes, sino toda una eternidad.
