Derecho a desconectarse
Francia estrenó 2017 con la aplicación del “derecho a desconectar” para limitar la conexión a internet por parte de los trabajadores, tras varios años de negociación entre la patronal de empresarios y los sindicatos.
Se ha convertido en práctica habitual recibir llamadas, correos electrónicos y mensajes de Whatsapp de jefes y compañeros de trabajo a cualquier hora. Las nuevas tecnologías contribuyen a la eficacia y a la rapidez en la respuesta a cuestiones que antes llevaban horas y días. Pero este aumento en eficacia ha ido acompañado de un incremento en el número de tareas que se pueden resolver y, por tanto, en la carga de trabajo.
La acumulación de minutos dedicados a responder fuera de horas de trabajo no suele ir acompañada de una flexibilidad en los horarios presenciales en la oficina. Esto, junto con secuelas en la salud, llevó a los trabajadores en Francia a negociar con los empresarios para que, cada día, tuvieran derecho a 11 horas de desconexión cada día laborable y a no recibir correos, llamadas o mensajes los fines de semana. Pudo jugar un papel importante el caso del expresidente de France Télécom, Didier Lombard, procesado por acoso, tras el suicidio de unos 30 empleados hace unos años.
Una persona que tenga una jornada laboral de 10 horas vuelve a su casa a las 5:00 p.m. Como mínimo. Eso deja unas cuatro horas de calidad para pasar con la familia, para hacer la compra, para el deporte, para clases de idiomas o de lo que sea y a otras actividades.
La irrupción de mensajes impide vivir con plenitud en espacios vitales que son tan fundamentales como el trabajo, aunque este nos dé el dinero para subsistir y llevar una vida digna.
Llevar el abuso de las tecnologías del ámbito laboral al personal no solo perjudica la vida familiar y los tiempos para la expansión de las personas, sino también con la propia salud.
En años recientes han proliferado las clínicas de desintoxicación para personas que han desarrollado una adicción a las tecnologías. No se puede culpar al trabajo, pero el derecho a la desconexión contribuye a la erradicación de un problema que nos aísla de los demás y pone en peligro nuestra salud.