Opinión - 14/12/16 - 12:00 AM

Diagnóstico para la vida

Por: Ulises Tuero Rodríguez Periodista -

La tristeza es depresión; la timidez, fobia social y la frustración, un trastorno. La medicina moderna ha hecho que aspectos naturales de la vida de las personas sean enfermedades para tratar. Vivir conlleva momentos de infelicidad, convertidos en problemas cuya solución no pueden ser solo los medicamentos. El peligro de la medicalización de la sociedad radica en los “efectos secundarios” poco comprobados y en las escasas garantías para la salud.

Los fármacos son la tercera causa de muerte en el mundo, tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, según expertos en farmacología y estudios hechos en Estados Unidos. Las muertes por medicamentos están cifradas en 200 mil al año en Estados Unidos y más de 190 mil en Europa.

La industria farmacéutica trata de medicalizarlo todo. Tanto la sociedad como los médicos están influidos por este negocio, que como toda empresa solo busca máximos beneficios. La publicidad es la herramienta que utiliza para que cualquier aspecto de la vida cotidiana sea visto con temor. Abordan a las personas con anuncios y noticias sobre nuevas enfermedades que ya tienen un medicamento adjunto para tratarlas.

La sociedad, bombardeada por la publicidad de los nuevos avances médicos que prometen curar lo incurable, niega el sufrimiento derivado del mero hecho de vivir.

La medicalización de la sociedad deriva en la creación de nuevos tratamientos sin tener demasiado en cuenta sus posibles consecuencias.

Muchos medicamentos están asociados con el aumento de peso, la debilitación del sistema inmunológico o la descalcificación.

El poco control de la industria farmacéutica fomenta la salida al mercado de medicamentos poco testados. El funcionamiento de las farmacéuticas es muy opaco, ya que los laboratorios no dan acceso público a los ensayos clínicos. Los países aprueban nuevos tratamientos sin ver los datos de todos los pacientes que han participado en los ensayos.

La sociedad recurre a medicamentos sin garantías con la intención de curar las particularidades que nos identifican como seres humanos. La industria farmacéutica promueve este temor a la vida, al anteponer sus beneficios comerciales a la salud de las personas. Todo un sistema de paranoia colectiva que encuentra enfermedades en cada esquina. A esto se denomina iatrogenia, que son los efectos nocivos debidos a la actuación médica o a la acción de medicamentos.