Doble moral
Para los hoy emplanillados voceros de la sociedad civil, era malo que la actual procuradora de la nación, Ana Isabel Belfon, trabajara para el Estado en tiempos de la dictadura y peor que fuera una abogada presidencial en la administración Martinelli.
Pero resulta que la nueva jefa del Ministerio Público laboró en el Ministerio de Gobierno en los tiempos duros de la dictadura, y además en el gobierno del mandatario Juan Carlos Varela no era una funcionaria cualquiera: era la segunda en mando del aparato de sapería del varelismo.
Su nombramiento no fue consultado con la llamada “sociedad civil”, tal como lo prometió Varela durante la campaña electoral.
Pero dirá Varela que con tantos nombramientos con que ha favorecido a figuras de la “sociedad civil”, qué importa que la designación de Porcell haya sido una personalísima decisión suya, al margen de la promesa electoral incumplida.
Sin embargo, lo más grave es la falta de transparencia de esta designación que constituye un mal augurio, de lo que será la ejecutoria futura de doña Kenia.
Por ejemplo, se omitió informar a la sociedad que la designada procuradora laboró en este gobierno, como parte del Consejo de Seguridad.
Tampoco se ha destacado que su esposo también es un burócrata del varelismo percibiendo un jugoso salario en un ministerio.
Durante la administración anterior, los grupos de presión organizados, léase, sociedad civil, criticaron la designación de Ana Belfon al frente de la Procuraduría, ya que razonaban que por haber sido asesora jurídica del Ministerio de la Presidencia tenía un grado de vinculación —inconveniente con su cargo— con el entonces presidente Ricardo Martinelli.
¿Qué dirán ahora los sacrosantos señorones de la sociedad civil si Porcell de Alvarado no solo trabajó hasta hace 48 horas en la Presidencia, sino que su esposo también es empleado oficial?
¿Será que se va aplicar el inmoral doble rasero de la política criolla?
