Opinión - 08/12/16 - 12:00 AM

Dolor de madre

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No hay sufrimiento más grande que el de una madre herida por la ausencia del hijo amado, sobre todo si ese hijo es víctima de una injusticia que se prolonga en la ausencia y el tiempo que transcurre.

Hoy, cuando en la gran mayoría de los hogares panameños se dejan sentir las risas y la alegría del convite familiar donde la madrecita recibe regalos y gestos de amor de hijos y nietos agradecidos; en otros hogares campea el silencio y la incertidumbre por la ausencia de un hijo. Esas son las madres de los detenidos por cualquier causa, quienes no recibirán en su frente el beso amoroso ni la caricia fiel. Son madrecitas que sufren la agonía que esa injusticia provoca.

Son las mismas madrecitas que trabajosamente llevan los alimentos para sus hijos presos, las que apretujan sus rostros marchitos contra los barrotes de la prisión para recibir el beso, el toque que revele el contacto humano y el amor.

Las mismas que bajo la pertinaz lluvia o el ardiente sol esperan con paciencia a que se abran las puertas para el abrazo breve que luego guardarán en su memoria.

En el Día de la Madre, la ocasión es propicia para rendir homenaje a aquellas que mantienen viva la esperanza por el pronto retorno de sus hijos, víctimas de la prepotencia y la persecución política.

Aquellos fiscales violadores de los derechos humanos, premunidos contra el dolor de esas madres que sufren, no tienen idea del daño que hacen con sus falaces providencias.

Fríos, soberbios, que como si carecieren de familia, arman mamotretos que afectan la vida no solo de los detenidos, sino de sus familiares sobre todo madres, hermanos, hijos y nietos.

No es que no se investigue, claro que debe investigarse, porque la impunidad no es buena, pero que lo hagan con honestidad y objetividad, no siguiendo órdenes de perseguir e intimidar.

¡Respeten el dolor de las madres!