Opinión - 20/10/14 - 11:58 PM

El dandy dominicano

En su debut en las Grandes Ligas en 1960, ganó 2-0 concediendo un solo hit o imparable al equipo contrario. En 1963 lanzó un juego sin hits

Hermano Pablo

En su debut en las Grandes Ligas en 1960, ganó 2-0 concediendo un solo hit o imparable al equipo contrario. En 1963 lanzó un juego sin hits ni carreras (la primera vez que un beisbolista hispano lograba esa hazaña en las Ligas Mayores), y dos semanas después lanzó 16 entradas en un juego para dar la victoria a su equipo 1-0.

A lo largo de 16 temporadas como lanzador en las Grandes Ligas, ganó 243 partidos y perdió solo 142, ponchó a 2,303 bateadores y permitió un promedio de solo 2.89 carreras ganadas por partido. En las trece temporadas en que intervino en más de 11 partidos, ganó al menos 18 juegos en ocho de ellas, ganó más de 20 juegos en seis de ellas, y ganó al menos 25 juegos en tres de ellas. Terminó su carrera con 244 juegos completos como abridor, uno más que el número de juegos que ganó.

De ahí que el inmortal Roberto Clemente dijera de él: «No importa lo que él lanza; cuando lo tiene, te derrota»; y que, refiriéndose a su singular estilo y su efectividad, el temible bateador Hank Aaron afirmara: «Jamás he visto a nadie tan bueno como él.» No es de extrañarse, entonces, que Juan Antonio Marichal Sánchez, «El Dandy Dominicano», figurara como lanzador en ocho ocasiones en el Partido de las Estrellas, y fue elegido como el «Jugador más valioso» del partido de 1965; ni que pasara a ocupar su merecido lugar en el Salón de la Fama en 1983.

Los Gigantes de San Francisco, el equipo por el que jugó durante catorce temporadas, celebraron en su estadio ese 10 de julio el Día del Salón de la Fama de Juan Marichal. A fin de perpetuar su memoria, el 21 de mayo de 2005 volvieron a rendirle homenaje, esta vez fuera del estadio, donde develaron una estatua de 2.74 metros de alto de bronce del «Dandy Dominicano».

¡Qué bueno es que les rindamos tributo a las estrellas que han alumbrado nuestra vida, y mejor aún si lo hacemos cuando pueden disfrutar del momento con nosotros, en lugar de esperar hasta después de su muerte! Reprimamos la tentación de criticar a los que invierten grandes sumas de dinero en tales homenajes, y reconozcamos más bien la verdad de las palabras de Jesucristo respecto a la objeción de Judas Iscariote de que el perfume que María de Betania acababa de derramar sobre Él pudo haberse vendido por muchísimo dinero para dárselo a los pobres. «Ella ha hecho una obra hermosa conmigo —dijo Jesús—. A los pobres siempre los tendrán con ustedes, y podrán ayudarlos cuando quieran; pero a mí no me van a tener siempre.»