Opinión - 27/10/14 - 11:40 PM

El efecto de la fe

L a fe mueve montañas, expresión positiva que se fundamenta en la convicción de que lo que pides se cumplirá. Cada año se observa en diferentes escenarios

Yadira Roquebert

L a fe mueve montañas, expresión positiva que se fundamenta en la convicción de que lo que pides se cumplirá. Cada año se observa en diferentes escenarios religiosos la participación de personas que siguen a un santo, para agradecer los favores recibidos. Generalmente, la solicitud que se hace va condicionada con una penitencia, como muestra de agradecimiento por el milagro recibido. Pero, ¿por qué pedirlo a un santo y no ir directo a Dios? o, ¿por qué cumplir una penitencia, si Jesús murió por nosotros y con ello nos limpia de pecado alguno?, son interrogantes que surgen y cuyas respuestas no son del todo compartidas.

Recientemente, la comunidad que sigue al Nazareno de Portobelo dio muestras de fe y seguimiento a este santo, de piel negra, localizado en Colón. Días antes de su fecha clásica, sus devotos marchan desde áreas distantes, visten una túnica morada, similar a la del santo. Muchos muestran actos de flagelación, como penitencias para dar gracias por los favores recibidos. Estas acciones son motivo de controversias, toda vez que existen posiciones contradictorias sobre: ¿por qué tomar esta decisión, si Jesús pago por nuestros pecados? Es justo aclarar que Jesús fue sacrificado por divulgar la palabra de Dios, centrada en el amor y hacer el bien, con lo que afectó a las autoridades de la época, de allí la decisión de crucificarlo.

El pedir o recibir el milagro lleva al devoto a realizar actos de flagelación que implican sufrimiento, que a mi juicio, los encamina a la reflexión profunda, pues el sentir dolor los traslada al escenario vivido por Jesucristo, al final se sienten que han cumplido con la promesa ofrecida.

Ahora bien, ¿por qué pedir a un santo y no a Dios Padre? Cada quien tiene su creencia, que se le respeta. Igual sucede en nuestros tiempos, por qué no pedirle directamente al presidente, entonces se aplica el mismo sistema. Se busca un intercesor para una causa.

En mi Panamá, el país de las oportunidades, existe libertad de culto, la mayoría de su población es devota de un santo, y los que no, hacen sus peticiones directamente a Dios. Sobre la forma de pagar los milagros, forma parte de la idiosincrasia de los habitantes, lo importante es que se trata de un pueblo creyente, que tiene la convicción de que la fe mueve montañas, ¿será por eso que somos bendecidos por Dios?