El gobierno del busero urbano
Julio César Caicedo Mendieta
Colaborador
Si lo que llamó Borges "El deber de la esperanza" es razonable, entonces Latinoamérica va por buen camino, largo, tedioso y empedrado, pero al fin los caminos de rosas tampoco son buenos para los pueblos. Y, hablando de exbuseros mucho más responsables e inteligentes que el títere venezolano, recuerdo los talleres ennegrecidos en grasa y adoquinados con platillos de cerveza en donde el bolsillo me daba para reparar el "carro". ¡Qué comentarios!... Los de los taxistas, dueños de buses, mensajeros y camioneros. Planteamientos como para hacer un pequeño análisis de cada uno de ellos. No hay espacio, pero serán anexados en la próxima edición de nuestro libro "Como cagar en el monte y otros comentarios", de Julio César Caicedo Mendieta.
Creo que voy a morir, sin escuchar el pensamiento de un maquinista panameño (por la falta de trenes), pero debo conformarme con lo que he escuchado de algunos transportistas, por ejemplo: Aquel que manifestó que él prefería transportar mil veces ganado, que a las personas. Otro ventrudo, que ellos paralizaban el país cuando les viniera en ganas. Otro viejo venido de San Salvador que apenas se jumaba no hablaba más que sobre su despecho amoroso con una panameña, decía que en Panamá como no éramos tantos el transporte público podría ser un sistema integrado de medios de transporte de uso generalizado, capaz de dar solución a las necesidades de desplazamiento de las personas, pero que nos faltaba disciplina y educación. Otro viejo panameño de camisilla que a las 8 de la mañana mandaba a buscar tres cajas de cervezas haciendo la observación que se trataba de la capa base porque a la una de la tarde vendría raudo el primer litro de seco, dueño de "diablos rojos" en diferentes piqueras, comentaba en alta voz que ya no le importaba si sus palancas fumaran canyac o no, para poder sacar la cuenta y el combustible, porque aquí no se respetaba la demanda de la población ni al medioambiente, que todo era política oportunista y desorden, este señor se dormía cuando uno mejor lo escuchaba. Pero al ratito llegaba al taller otro de sus compinches, dueño de otra cantidad igual de buses, que hablaba mejor que él, tan solo que muchos se habían retirado con sus autos reparados y el resto estaba "en fuego"; este transportista decía que en lugar de construir macroinfraestructuras y autopistas se deberían favorecer las actuaciones dirigidas al fomento del transporte público como carriles para buses, carriles para bicicletas y motos exclusivos para el transporte público… Y así continuaban los temas y hasta me dolía retirarme con mi carro listo, las tertulias terminaban con la salida del sol de los venaos como a eso de las cinco y media y cavilaba: Bueno, quién quita que el respetable algún día ponga en San Felipe a un busero como estos, pero ojalá que no nos salga tan imbécil como el dogmático que sueña con pajaritos preñados.
