Envidia colombiana
Carlos Christian Sánchez Columnista Las filas eran inmensas. Miles de extranjeros llegaban al Complejo Deportivo Irving Saladino, en Juan Díaz, para aprovechar los últimos días
Carlos Christian Sánchez
Columnista
Las filas eran inmensas. Miles de extranjeros llegaban al Complejo Deportivo Irving Saladino, en Juan Díaz, para aprovechar los últimos días del Crisol de Razas. La gran mayoría, colombianos. Todos buscando legalizar su presencia en Panamá, buscando un sueño fuera de su país, aprovechando la oportunidad de una vida mejor en el Istmo.
Paralelamente al Crisol de Razas, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos incluía a Panamá en una lista gris de paraísos fiscales, al argumentar que no cooperamos con Colombia en evitar la evasión de impuestos por parte de sus nacionales. Semejante declaración provocó la indignación de todos los sectores influyentes panameños.
El irrespeto que Santos hace a Panamá debe ser respondido con dureza por las autoridades nacionales. Incluso se pide aplicar sanciones similares contra Colombia. De una vez salieron las ideas, entre ellas: aplicar visa a colombianos, suspender la Interconexión eléctrica con Colombia, enviar miles de presos detenidos en Panamá al país sudamericano, impedir que empresas colombianas participen en licitaciones, etc.
Pero una medida directa contra Bogotá sería suspender la vigencia del Tratado de Montería, el cual permite a los navíos de guerra Colombia cruzar gratis el Canal Interoceánico, ahorrándose unos 30 millones de balboas. A falta de voluntad positiva, mejor castigar a Santos y su gobierno con acciones similares.
Que nueve expresidentes panameños condenen la actitud ofensiva de Santos, es signo que todo nuestro país está unido ante las amenazas colombianas. Pero falta ver la voluntad del Gobierno de turno, si tendrá la capacidad de enfrentar a Bogotá por declararnos paraíso fiscal. Juan Carlos Varela y la canciller Isabel de Saint Malo tienen en sus manos la defensa de la integridad nacional, porque la Patria lo exige.
Aunque el diálogo diplomático debe ser pragmático entre las partes, muchos hubieran querido ver al embajador de Panamá en Colombia haber sido llamado a consultas, tras la ofensa de Santos y su séquito. Mensaje directo, severo de una nación hermana y bolivariana, amante de la paz y tranquilidad, que abre las puertas a todas las naciones por su posición geográfica estratégica, pero que hoy recibe el desprecio de Bogotá.
Señor presidente Santos, Panamá se respeta. Esto no es un vulgar departamento de Colombia. Somos un país independiente, y la historia demuestra nuestra lucha por la soberanía en todo el territorio nacional. Basta ya de abusos e indirectas.
Larga vida y prosperidad para todos. Saludos, amigas y amigos…
