Fiebre por el ejercicio
Entrenamientos planificados en lugar de los masificados y de alta intensidad, acondicionamiento enfocado hacia la competición, ejercicios con el propio peso del deportista y rutinas desde casa en conexión con otros usuarios gracias a las nuevas tecnologías. Estas tendencias que señala “The Chicago Tribune” confirman la fiebre por el ejercicio físico que se observa en parques, en las calles y en los gimnasios.
Coinciden casi todos en que el deporte les hace sentir bien. ¿Pero en qué sentido? Tras una dura primera etapa que dura días o semanas y que consiste en acostumbrar el cuerpo a grandes esfuerzos, muchas personas se “enganchan” a los efectos de las sustancias que produce el cuerpo al hacer ejercicio.
Por otro lado, muchas personas encuentran en el deporte una manera de canalizar diversas necesidades relacionadas con el bienestar físico, con la imagen, con la autoestima y la confianza, con sentirse útiles y con “desconectar” del trabajo y del estrés de la vida diaria. Por otro lado, las actividades en grupo abren una puerta para conocer gente.
Se crean vínculos elegidos de forma libre, a diferencia de los impuestos por la familia biológica. Surgen nuevas “familias” donde sus miembros pueden encontrar un ambiente más adecuado para sanar heridas del pasado o desintoxicarse de relaciones que los ahogan.
Todas estas actividades comparten beneficios en la salud y en el desarrollo del componente social de las personas. Pero también coinciden en los riesgos de reforzar actitudes que pueden conducir a una sociedad aún más individualista.
Sin embargo, no se puede atribuir al egoísmo ni al individualismo ni a las distintas formas que encuentran las personas de organizarse como sociedad civil esta fiebre por el deporte. Se trataría más bien de reacciones ante cierto malestar que producen algunas formas “modernas” de vivir.
