Guerra mediática
Decía el militar prusiano Claus Von Clausewitz que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Este axioma de más de 300 años ha sido reemplazado en su forma, pero no en su esencia, con el aserto de que la “la guerra mediática es la continuación de la política por el dominio de la opinión pública”.
Y es que de la manera en que los grandes medios audiovisuales les están dando cobertura a los últimos acontecimientos de escándalos en que aparecen involucrados exfuncionarios de la anterior administración, demuestra que más que informar de los hechos, lo que buscan es influenciar, manipular y exacerbar las bajas pasiones y el revanchismo.
¿Pero por qué hacen esto? Hay varias explicaciones. Por un lado, la competencia entre los medios audiovisuales por lograr mayor sintonía para poder vender espacios publicitarios, por otro lado, complacer a los gobernantes de turno, que también controlan y distribuyen la publicidad estatal, amén de que muchos altos cargos también son cercanos a las sociedades anónimas que controlan estos medios.
El botín de esta guerra mediática es la conquista de la opinión pública, para que legitime conductas y decisiones que emanen del poder; sin embargo, es posible romper este cerco seudoinformativo, como lo demostró el triunfo del candidato Carlos Afú, quien emergió victorioso, a pesar de la feroz campaña que se le montó en los grandes medios.
Es por ello que la ciudadanía debe de estar clara en que estos grandes medios tienen una agenda oculta, movida por hilos invisibles y que está orientada a hacerles la guerra, en el frente de la opinión pública, a los enemigos de sus intereses coyunturales.
Hay un viejo dicho entre periodistas que reza: “Si es verdad, no la calles, si es mentira, no la digas”, al parecer, muchos lo ignoran.
