Hablar
L a brisa movía los numerosos y enormes bambúes en el Jardín Summit, que hacían ruido como si nos conversaran. Pero no entendíamos lo que querían decirnos.
L a brisa movía los numerosos y enormes bambúes en el Jardín Summit, que hacían ruido como si nos conversaran. Pero no entendíamos lo que querían decirnos. Minutos antes, unos simpáticos monos tití se la pasaron chillando cuando los visitamos. Tampoco entendimos lo que deseaban comunicarnos. Los pericos y las loras se unieron a los esfuerzos por hablarnos, aunque sabían que no los entenderíamos. Quienes estuvieron callados fueron los tucanes. Solo mostraban a niños y adultos sus hermosos picos, que parecieran decorados por artistas modernos. El ambiente era tan especial que nos olvidamos de que en Los Santos había elecciones para diputado, que realmente no tuvieron mayor sorpresa. Era el último día del Mes de la Patria, aunque hemos dicho que a la Patria se le debe rendir honores todos los días del año. Recordamos aquella frase que dice que las cosas más hermosas para los seres humanos están en la naturaleza, y son gratis.
Habíamos salido de la llamada "jungla de concreto". Allí no hay hogares, sino casas apiñadas donde han sepultado los pequeños patios con cemento. Acabaron los pulmones de oxígeno que dan árboles y plantas. Esta ciudad se ha llenado de enormes rascacielos, donde no existen árboles de mangos ni se ven los azulejos y sangre de toro comiendo frutas. Menos mal que hemos podido conservar el Jardín Summit. Lo hicieron los norteamericanos para experimentar con plantas de varias partes del mundo. Se quería saber si se adaptarían a suelo panameño. Por eso vemos árboles y arbustos raros, traídos de países que algunos panameños no encontramos en los mapas. Añada la cantidad de animales que son cuidados con esmero por expertos. Águila arpía, jaguares, cocodrilos, monos, aves... alegran a los niños que corren gritando por entre las jaulas que tienen medidas de seguridad para evitar accidentes.
Era como estar en otro mundo, lejos de asesinatos a quienes andan "en malos pasos". No había los tranques de autos. En lo más alejado de nuestra mente pensamos en los miles de compatriotas que con furor compraron en el Black Friday. Ya no somos aquella ciudad semirrural, donde muchos nos conocíamos. Ahora con un millón de personas a veces es sofocante vivir con tranquilidad. Algo curioso fue que unos policías y el vendedor de tiquetes pensaron que éramos extranjeros. Un poco más y nos obligan a cantar el Himno Nacional...
