Opinión - 22/1/15 - 12:00 AM

Infiernillo político

Por: Ramón Jiménez Vélez / Analista Político -

B ueno, bueno, la enconada pugna por el poder total, con todo lo que ello conlleva, ha desvirtuado la política, (el arte de gobernar) en una feroz contienda encaminada a exacerbar los ánimos y convertir la simpatía partidaria en adhesión fanática desbordante de pasión, hacia una cultura de odio.

Por cierto que los movimientos políticos son de acabar con el oponente, convertido en enemigo apelando al encono, la abominación por la rabia, llevados por el fanatismo que se le inculca mediáticamente hacia un estilo de exaltación, al lavarle el cerebro con una supuesta penetración de fuerzas extrañas que lo lleva al mal.

De paso hacen que el individuo se sienta portador de la certeza absoluta y por tanto su actuación es la correcta, traspasando los límites de la razón, implicando que hace el bien, imponiendo la violencia (acabar con el contrario) buscando sus fines a la fuerza.

De allí es fácil imbuir el odio, ese profundo sentimiento de aversión y repulsa que busca repudio, destruir al que convierte en su enemigo.

En la política, como en el caso de los panameños, el desarrollo de la cultura del odio hacia el oponente pareciera ser una reacción de miedo hacia el objetivo que se pretende destruir.

Tradicionalmente, la política nacional basada en la llamada alternabilidad, hacía que los gobiernos entrantes se dedican a su programa de acción sin lanzarse contra su antecesor el cual, en el siguiente periodo, sería el gobernante y continuaría la alternabilidad.

Pero los gobiernos que pretenden continuar, rompiendo el esquema alternativo, buscan destruir, a como de lugar, al antecesor para eliminar un posible contendiente.

Así lo hicieron los militares luego al golpe del 68, no así el régimen postinvasion, lo cual le dio vida al partido defenestrado, el PRD.

Resulta obvio que el gobierno, que asumiendo todo el control del poder estatal, trata de romper el núcleo opositor, como es el actual caso, es consciente de que debe repetir sin devolver el poder al oponente, también quedarse en el banquillo de los acusados y sería perseguido.

De otra parte, el opositor atacado se defenderá, devolviendo la violencia.

La persecución política y el control absoluto son el mayor ingrediente hacia la pérdida de la democracia, sobre todo cuando se forma en una cultura de odio, antipatía, despecho y rechazo.

Ya lo dijo el filósofo Aristóteles, el odio si es un deseo de angustia.

Bueno, eso es todo por hoy, pero tranquilos que el próximo jueves habrá más.