Opinión - 22/12/16 - 12:00 AM

Infiernillo político

Por: Ramón Jiménez Vélez Analista político -

Bueno, bueno, hace 27 años unos de los peores presidentes que ha tenido la nación norteamericana y quien trató de establecer una dinastía que significara la instalación de un reinado en el supuestamente más democrático país del mundo, el tal George Bush desató el más cobarde y genocida ataque militar (y prueba de nuevos sofisticados armamentos) contra un pequeño país, el nuestro.

Por cierto, que la “justificación de más llamada justa causa” fue la captura “hombre fuerte” de Panamá, el entonces general Noriega.

De paso se ocultó la verdad que era la desaparición de las “fuerzas de defensa”, el ente militar que podía ser la organización que impidiese el sometimiento de Panamá, y que había sacudido la presencia militar yankee y el dominio del Canal por los estadounidenses.

Era la vuelta al reloj histórico.

Lamentablemente hubo panameños que salieron gozosos a decir que era una “liberación”, ¿y de qué? Si nos imponían un régimen militar foráneo en donde las oficinas públicas eran ocupadas por los soldados yankees, quienes dirigían el país. Ni los militares nuestros habían llegado a ese extremo.

Tras el telón de fondo quedaba el martirizado barrio destruido con sus miles de víctimas inocentes.

Todo ello, supuestamente, para capturar a un hombre a quien se lo hubieran podido llevar en cualquier momento ¿o sí?

Pero claro, era otra la razón. El volver a tener al país bajo su control.

Cuando las personas lograron captar el nivel de genocidio, la situación cambió y muchos repudiaron sus primeras palabras.

Pero gobierno tras gobierno ha esquivado plantear las debidas compensaciones.

Incluso sufrimos la vergüenza de no votar en la OEA con los países que condenaron la invasión. Nuestros muertos valían nada.

Si bien se dice que se declare 20 de diciembre día de duelo nacional, el objetivo debe ser encontrar la verdad de los hechos y que se den las debidas indemnizaciones.

Y que vuelva el honor nacional.

Como planteó el historiador, crítico y pensador escocés, Carlile, es un error considerar la violencia como una fuerza.