Opinión - 25/1/16 - 01:15 AM
Instituciones
Miré hacia el piso superior y vi a un magistrado de la Corte Suprema caminando por el pasillo. Su imagen me pareció la de un "dios". Era un joven de 18 años en su primer empleo en un juzgado penal que estaba un piso más abajo de la Corte Suprema de hace más de cincuenta años. En la comunidad panameña de la época, ser magistrado era un cargo de mucho respeto y prestigio. No puedo afirmar que se dieran acciones criticables en la Corte. Pero no se convertían en un permanente bochorno. Es lamentable que poco a poco, esa imagen endiosada que tenían los magistrados haya ido disminuyendo. Unos veinte años después, el magistrado Camilo O. Pérez (q.e.p.d.) estremeció a la comunidad al decir que "la Corte era un potrero lleno de garrapatas".
En este momento, a algunos ni les importa que digan que hay magistrados en la cárcel por cuestiones de dinero. A otros se les ha acusado de estar vendidos a los gobiernos de turno. Se hacen públicos insultos que antes uno escuchaba en los zagüanes del "patio limoso". ¿Qué puede esperar el panameño de una justicia cuyos autores no tienen prestigio para ejercerla en forma debida? Mi mente se va por "el túnel del tiempo" y llega a otra institución que tiene poco prestigio en este momento. En esa época, un chiste señalaba que si una persona no servía para policía ni barbero, se metiera a diputado. También existían sus escándalos relacionados con la compra de votos para lograr el puesto y negociados utilizando ese cargo tan importante para la vida democrática.
No recuerdo diputadas insultándose con palabras que ni un marinero utilizaría. El Consejo Municipal de esos años no era muy bendito. Acusaciones de nombramientos falsos, despilfarros de fondos (una escoba de setenta y cinco centavos se compraba en diez veces su precio) y otras acciones negativas eran el pan de cada día. El radiodifusor Ramón Pereira P. fue golpeado por denunciar esta situación. Molesto, llamó al pueblo a protestar y "tumbaron" a los concejales. Se instalaron autoridades que representaban a la sociedad civil y funcionaron bien. Ahora esa institución de la capital no aparece en ese mal espectáculo de algunas instituciones. ¿Y el Ejecutivo?...
