Opinión - 03/10/16 - 12:00 AM

Investigar

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

Mi investigación de la problemática del intermediario como elemento que encarece un producto se basó en algo que vi en El Valle de Antón cuando tenía once años. Estaba en una finca de naranjas observando su cosecha y venta. Unos señores recogían los olorosos frutos, que eran puestos de cien en cien en sacos de henequén. Curioso averigüé que pagaban medio balboa por saco. La naranja costaba menos de un centavo. Pero en la ciudad se vendía a dos por real… Papá me explicó eso del intermediario. Señaló que ellos pagaban a los recolectores de las naranjas, los costos del camión, combustible y chofer. Si no vendían rápido el fruto en la ciudad, deberían comer y dormir allí, lo que era otro costo. Entendí lo que dijo, pero no me convenció del todo que quien sembró la naranja ganara menos que el que la llevaba a la ciudad.

Pensé en esto al enterarme de que productores de papa y cebolla de Tierras Altas chiricanas estaban vendiendo en David, Santiago y otros lugares sus cosechas. Así demostraban que ellos no son los que encarecen esos productos. Muchos años después, en clases de Economía, se referían al tema, pero las soluciones no las consideraba adecuadas. ¿Por qué? Sencillamente alguien tiene que asumir los gastos de recoger, llevar y mercadear los productos. En los años setenta del siglo pasado, los militares quisieron eliminar a los intermediarios. Tuvieron que asumir todos esos gastos. Las ferias libres también buscan abaratar los precios de los productos. Allí los productores son los que cargan con esos gastos. No creo que sea efectivo para abaratar la comida que los productores se conviertan en intermediarios.

¡Ya tienen bastantes problemas con hacer producir la tierra! Los Gobiernos pueden ayudar dando incentivos a los intermediarios, como bajar el combustible. Pero… siempre alguien tendrá que cargar con esos gastos. Recuerdo que un señor humilde pensaba que hacía un buen negocio. Llevaba varios sacos de limones para venderlos directamente en el mercado de abastos a mejor precio. Pero no se daba cuenta de que tenía que gastar en el pago del transporte y la comida del camino. Además, dejaba sin atención su finca por horas y el viaje lo cansaba. Luego tenía que luchar “por el real” con compradores que querían que les regalara sus limones… (¿Alguien tendrá la solución a esta situación?)