Opinión - 13/3/16 - 12:00 AM

Juan Manuel Cedeño 1914-1997

Por: José Morales Vásquez Investigador de arte/Jose10w@yahoo.com -

El 10 de octubre de 1995, el Banco Nacional de Panamá le rindió el que sería el último homenaje a este gran panameño. Fue en ocasión de sus 80 años de vida y en el contexto de los 91 de existencia de la entidad. En esa oportunidad, evocación de dos instituciones nacionales casi de la mano en el recorrido del siglo, Adriano Herrera Barría destacaba "las beatificas emanaciones de admiración y respeto que exhala una personalidad tan humana, tan sencilla y una obra pictórica que realmente impone la impronta de una calidad técnica de la pintura -poco común y de excepcional categoría- en un país como el nuestro". Y Jorge Conte Porras, en el mismo contexto, señalaba que en su obra "palpamos su preocupación por exaltar las raíces que nos son comunes y que nos vinculan a la Patria de los panameños: nuestro paisaje rural y urbano, repletos de vivencias personales".

Este es el Juan Manuel Cedeño que debemos tener con nosotros. Y este es el Juan Manuel Cedeño que siempre estará vivo en sus obras en torno al paisaje de nuestros hombres y mujeres y de nuestra ciudad y de nuestros pueblos. Mientras esté en pie la Patria panameña estará en pie ese panameño quien pensando en el siglo XXI dijo: "Me siento con la nerviosidad del escolar que debe emprender una nueva jornada para pasar la prueba y hoy más que nunca suenan en mis oídos las advertencias de mis maestros Francisco de Vallarino, Humberto Ivaldi Bristan y Roberto Lewis. La pintura es un apostolado de tiempo completo en el que podemos conformarnos con la medianía del que cree que todo lo sabe y se satisface con el engañoso aplauso de un triunfo insignificante".

Sus amigos y sus alumnos, que entren al nuevo milenio, estamos más que seguros de ello, entrarán con Juan Manuel Cedeño de la mano. Y de la mano lo iniciarán en esos 100 años más de vida a través de sus obras y mucho más importante, a través del recuerdo que transmitan a otros panameños y a otras panameñas en torno al primero de nuestros contemporáneos en cuanto a la pintura se refiere en Panamá.

El domingo 17 de agosto de 1997/ El Universal de Panamá/Tragaluz/A21. Página de arte y literatura bajo la responsabilidad de los escritores: Alexander Bermúdez, José A. Carr, Ricardo Laviery, Juan Antonio Gómez y Manuel Orestes Nieto publicó el texto que fue leído en el acto de las honras fúnebres del maestro Juan Manuel Cedeño a nombre de los intelectuales y artistas panameños el 13 de agosto de 1997, en el paraninfo de la Universidad de Panamá, previo a la inhumación de las cenizas del maestro. Y que titularon: JUAN MANUEL CEDEÑO – VIDA Y LIENZO.

Panamá gana a uno de sus inmortales. Panamá saluda con gloria a uno de sus más altos y legítimos hijos.

En nombre de los intelectuales, artistas y escritores de nuestro país, doy a esta familia íntegra nuestro abrazo colectivo en esta artera hora del desgarramiento físico.

Enlutecidos estamos todos. Por ello les pido a ellos que nos consideren como parte familiar del hombre que ha alumbrado con brillantez a esta tierra. Justamente, Juan Manuel Cedeño es una gloria y un milagro creador. La cultura de Panamá, tantas veces vilipendiada e incomprendida, tiene en él a una de sus vigas más sólidas. La espiritualidad que anida en el alma del panameño fue correctamente reconocida e interpretada por este sorprendente artista de fuerza descomunal y nos las devolvió hecha carne de arte. Arte de magnitudes universales y arte exigente; arte y fortaleza creadora.

Me duele decir lo siguiente, pero por vergüenza y por lealtad a Juan Manuel Cedeño, y porque él lo comprenderá cabalmente, les digo:

Todos lo que vimos en él a un incansable trabajador, a un persistente impulsador de la cultura nacional, esperamos que no ocurra ninguna ingratitud ante la obra monumental que este sublime y espectacular creador construyó a lo largo de su vida.

La tarea de hacer la nación ha estado siempre empacada con las obras de los artistas que en ella nacen y que por ella estallan, espirituales, bebedores de la placenta de sus partos y sus días, ya fueren horas, años, luminosos o terribles.

Juan Manuel Cedeño se bebió su Patria al nacer y de sus manos dulces saltó a borbotones hasta el último lienzo y hasta el último aliento ciudadano. Por eso reafirmo que, además de un hombre de cristalina sensibilidad, dedicado al oficio de la pintura fue, ante todo, sobre todo y gracias a todo, un patriota.