Opinión - 27/3/16 - 12:00 AM

Juan Manuel Cedeño 1914-1997

Por: José Morales Vásquez Investigador de arte -

“La nobleza se define por la exigencia de las obligaciones que nos imponemos, no por los derechos que reclamamos. “Noblesse oblige”. Vivir a gusto es de plebeyos. El noble aspira a la ordenación y al apostolado. La nobleza no puede heredarse: Cada cual ha de alcanzar su propio blasón, tras el sacrificio, la dedicación, el trabajo creativo y la lucha constante, pero jamás alcanzarán nobleza alguna los que se pierden en el laberinto de su vanidosa pomposidad”.

Juan Wolfango Gôethe (Poesía y verdad)

Hace ya varios meses, Juan Manuel Cedeño venía sufriendo quebrantos de salud. En el mes de noviembre del año de 1996, cuando se conmemoraba el Grito de La Villa, él estaba en su pueblo natal cuando su corazón le dio el primer aviso que él recibió sin alarmas.

Nada complacía tanto a Juan Manuel como regresar a la tierra de sus antepasados, recorrer las viejas calles de La Villa, le fascinaba observar en detalle las viejas construcciones del pueblo, puertas, ventanas y portales... admirar las obras de arte religioso del templo, sentarse a la entrada de su casa, hablar con los campesinos. Una y otra vez tuve la oportunidad de visitarlo en la casa solariega de los Cedeño en Los Santos... Ahí era otro, parecía un muchacho alegre, repleto de recuerdos. Una y otra vez repetía que él había empezado a pintar siendo un niño, atraído por las estampas de las bellas imágenes que veía en los libros de sus padres...

Roberto Motta Alvarado y su esposa, que le visitaban con frecuencia, nos advertían con preocupación que el estado de la salud de Juan Manuel era delicado. Hospitalizado varias veces por prescripción médica, y al cuidado de su hijo, Juan Manuel había decidido recluirse en su taller para ejecutar su última obra, La Galería de los Rectores de la Universidad.

Pero Juan Manuel estaba rodeado de alegrías. Su compañera que fue toda su vida como el ángel de la guarda para él, y sus nietos... Me hablaba con orgullo de su biznieto Ariel Esteban.

Entre la familia de Juan Manuel Cedeño y la mía existen lazos de afecto familiar... Yo conocí a Juan Manuel Cedeño y a casi todos sus hermanos, siendo un pequeñito, antes de haber ido a la escuela para aprender mis primeras letras. Relación de afecto que hemos conservado durante todo el trayecto de nuestras vidas. Mi hermano mayor, Ricardo, estuvo con Juan Manuel en el Instituto Nacional, y de igual manera demostró temprana inclinación por el dibujo y la pintura.

Me correspondió ver la realización de muchas de sus obras. Era un trabajador infatigable. Pasaba de una obra a otra. Era muy exigente consigo mismo. Pero había momentos en que necesitaba el contacto de sus seres queridos. Le encantaba dialogar.

Me correspondió observar los retratos de los Rectores de la Universidad desde que eran simples bocetos. A mí me correspondió conseguirle algunos retratos para comparar la expresión de los rostros. Él estaba preocupado de la expresión y el carácter de cada cual... y señalaba con orgullo... "tiene espíritu", quería aproximarse a la perfección y se sentía inconforme.

Él se sentía impactado por las realizaciones de Epifanio Garay, el maestro de los maestros, y se refería continuamente al retrato que había pintado al presidente Rafael Núñez de Colombia... "está a punto de hablar" y nos describía el retrato como si estuviese de frente a él.

A pesar de las advertencias médicas, Juan Manuel recluido en su taller, recibía complacido a los que les queríamos, y de ahí surgió mi invitación de que nos dijese algunas cosas de sí mismo... Fue en el mes de enero de 1997, él quería publicar varios artículos en el Diario Universal, pero éramos conscientes de su estado de salud, lo cual nos señalaba con una sonrisa su compañera. "Él está muy delicado, pero la pintura es su vida, sin ella su existencia no tiene sentido. Ha pintado y enseñado como parte de sí mismo…”.

Una y otra vez interrumpimos el diálogo porque Juan Manuel se fatigaba, pero continuaba trabajando, sentía regocijo en su faena…Yo no puedo dejar de trabajar, difícilmente existe un día de mi vida en que por lo menos no haya dado una pincelada".