Opinión - 15/4/17 - 12:00 AM

Justicia y pobreza

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Todos hablan de la corrupción imperante en la administración de justicia en Panamá, las denuncias se multiplican por doquier, jueces y magistrados son señalados de venales y prevaricadores, hay pruebas al canto de justicia e investigaciones selectivas y politizadas.

Incluso en la esfera de la justicia administrativa, es decir corregidores y jueces nocturnos de policía, hay insatisfacción de la ciudadanía, por los abusos que se cometen en perjuicio de los ciudadanos.

Detenidos en casos de alto perfil a través de sus abogados presentan pruebas y argumentos de que se abusa de la detención preventiva y que la instrucción sumarial, más que buscar la verdad de los hechos, se ha convertido en un instrumento de persecución.

Pero nadie se acuerda de los presos. Dice la Biblia en Hebreos 13:3 “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos con ellos, y de los maltratados, puesto que también vosotros estáis en el cuerpo.”

Cuando el buen libro hace esta admonición, quiere decirnos que hay hermanos encerrados y olvidados en su encierro, víctimas de un sistema procesal penal inhumano y aplicado de manera inhumana, a contravía del derecho penal liberal, que pone al ser humano como centro del proceso.

Decía el inmortal Don Quijote: “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia”, esa misericordia olvidada por los funcionarios de instrucción y administradores de justicia, que muchas veces castigan con cárcel al pobre, que no tiene plata para pagar abogados y debe conformarse con la indiferente y fría defensa de los defensores públicos.

Necesitamos jueces humanos, que juzguen no solo con códigos, sino con el alma como decía Osorio, tal vez así reduzcamos el alumnado de las universidades del crimen, en que se han convertido nuestras cárceles.

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