La Cuaresma
En primer lugar debemos saber que la Cuaresma es un período de 40 días (cuadragésima) reservado a la preparación de la Pascua. La duración de la Cuaresma está basada en el número 40, que es simbólico en la Biblia.
En esta se habla de los 40 días del diluvio, de los 40 años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los 40 días de Moisés y de Elías en la montaña, de los 40 días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública. Es decir, el número 40 simboliza un tiempo de purificación, preparación y espera para un nuevo comienzo o un acontecimiento importante, que se vive con una actitud penitencial.
Por ello, durante el Miércoles de Ceniza, manifestamos públicamente nuestro deseo de conversión a Dios para comprometemos a luchar con la ayuda de la gracia a vivir una vida más unida al Dios como nos exhorta san Pablo “… también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. No permitan que el pecado reine en sus cuerpos mortales, obedeciendo a sus bajos deseos. Ni hagan de sus miembros instrumentos de injusticia al servicio del pecado, sino ofrézcanse ustedes mismos a Dios, como quienes han pasado de la muerte a la vida, y hagan de sus miembros instrumentos de justicia al servicio de Dios. Que el pecado no tenga más dominio sobre ustedes… (Romanos 6, 11-14)
Este tiempo está marcado por un llamado permanente y firme a luchar contra el pecado que busca destruir nuestra existencia. Pero no solo a una lucha en negativo contra el mal, sino también el practicar el bien, convirtiendo nuestros cuerpos en instrumentos de justicia al servicio de Dios.