Opinión - 27/4/17 - 12:00 AM

La divina misericordia

Por: Roquel Iván Cárdenas Catequista -

En hebreo, en el AT, la misericordia es “rehamîm”, que designa propiamente las "vísceras", pero que en sentido metafórico señala aquel sentimiento íntimo, profundo y amoroso que liga a dos personas por lazos de sangre o de corazón, como la madre o el padre con su propio hijo. El profeta Jeremías dice: “¿Es un hijo tan caro para mí, Efraín, o niño tan mimado, que tras haberme dado tanto que hablar, tenga que recordarlo todavía? Pues, en efecto, se han conmovido mis entrañas por él; ternura hacia él no ha de faltarme - oráculo de Yahvé -”. (Jeremías 31, 20).

La figura del padre y la madre que son capaces de mostrar misericordia por su hijo o hija rebelde, la Escritura la presenta como una imagen adecuada para mostrar la misericordia divina.

Pero como toda analogía (sobre todo para con Dios), a pesar de ser adecuada para designar el misterio, también es sano reconocer sus límites. Los padre humanos, aunque son un reflejo adecuado para mostrar el inmenso amor de Dios, tiene la limitante propia de la criatura pecadora. Cuanto se han alejado de Dios porque ven los mismos defectos de sus padres terrenales en Dios.

Por eso, la misma Biblia nos lo manifiesta con un hermoso texto que si meditamos a profundidad, puede resultar conmovedor hasta las lágrimas.

“¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque esas llegasen a olvidar, yo no te olvido”. (Isaías 49,15).

El misterio de Cristo es la máxima manifestación de la misericordia divina. En su rostro podemos con confianza buscar el rostro del “Padre misericordioso y Dios de toda consolación” (2Corintios 1,3).

EDICIÓN IMPRESA

Portada Diario Crítica

Más Leídas