La muerte de la justicia
Cuando la instrucción sumarial y la investigación del delito no están basadas en el debido proceso al justiciable, podemos decir entonces que la justicia ha muerto y el despotismo y la arbitrariedad han tomado su lugar.
Hace unos días una dama horrorizada contó que en una fiscalía de familia la jefa del despacho le gritaba a voz en cuello a la presunta víctima de un delito: “!...me gusta meter preso…me gusta encarcelar!”.
Esa es la mentalidad de que están revestidos los jefes de los despachos de instrucción, quienes sienten que nadie puede tocarlos porque están más allá del bien y del mal.
Premunidos de esta actitud no les importa con la Constitución ni la ley; es por ello que abusan de personas como Gustavo Pérez, ejemplar ex jefe policial, a quien tienen preso solo por tener un arma de colección previamente inutilizada.
Así abusan de Riccardo Francolini y Jayson Pastor, a quienes les han inventado unos delitos solo porque fueron exfuncionarios de la anterior administración y son críticos de la actual administración varelista.
Así abusaron de Giselle Burillo, a la que pusieron a subir y bajar escaleras, hasta que un fiscal finalmente declaró que los perseguidores de la exjefa del Ampyme, no habían probado ningún delito.
Empero, es tanta la sevicia y el ensañamiento con que proceden estos fiscales, que van más allá de las responsabilidades propias del cargo, por ello todos sus casos se les han ido cayendo y así sucederá también con Francolini, Pastor, Pérez y el resto de los perseguidos.
Los empleados de Kenia Porcell pretenden matar a la justicia, pero al final la justicia se impondrá y en el 2019 ellos deberán rendirle cuentas al país por las vías penal y civil.
