La oración
Al rey Salomón, Dios le hizo una oferta y le dijo que le concedería lo que le pidiera. Deberíamos preguntarnos con honestidad si Dios nos hiciera la misma propuesta hoy día. ¿Qué pediríamos? Tal vez, buena salud o una vida larga, mucho dinero o una vida tranquila libre de problemas y dificultades.
Bueno, nada de estas cosas son malas y no estaría mal pedirlas. Pero Salomón nos enseñó un camino más excelente. ¿Cuál fue ese camino? Muy sencillo le pidió a Dios la sabiduría y el discernimiento entre el bien y el mal. Y eso le agradó a Dios y le dio no solo sabiduría, sino riquezas y gloria, como no tuvo nadie entre los reyes. El apóstol Santiago nos enseña que si estamos falto de sabiduría se la pidamos a Dios y Él nos la dará con generosidad. Si alguno de ustedes está falto de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará. (Santiago 1,5).
Durante este tiempo en particular se insiste mucho en la necesidad de la oración, pero debemos hacerlo con la prudencia de aquel que pide las herramientas necesarias para superar su situación.
No buscar atacar los síntomas, sino atacar la causa raíz de nuestros problemas y una herramienta privilegiada para ordenar nuestra vida, es la sabiduría. Por eso durante esta cuaresma pidamos sabiduría a Dios y seguro que lo demás nos vendrá por añadidura. Porque la sabiduría nos concede la capacidad de acuerdo a la voluntad de Dios que nos permite andar por camino firme y seguro en medio de los vaivenes de la vida terrena. Pidamos ese don maravilloso que nos lleva por el camino de la verdadera plenitud.